Si no es ahora, ¿cuándo?

Todos tenemos la mala costumbre de postergar las cosas, proyectos, viajes, o simplemente una salida con un amigo que no vemos hace mucho tiempo. Quizás por pereza, o simplemente porque nos convencemos de que siempre habrá tiempo. Tiempo para realizar nuestros sueños, para cambiar de trabajo, tiempo para salir y dar la vuelta al mundo. Pero siempre aparece el “ahora no”, ahora no puedo, ahora estoy ocupado, lo hare más adelante. Siempre pensamos que lo mejor no ha llegado, concepción positiva si nos lleva a ser optimistas y a enfrentar cada dificultad con una sonrisa, pero que, en cambio, se convierte en un verdadero cáncer si nos lleva a no vivir en el presente ya que nos convencemos de que tarde o temprano nuestra felicidad llegarà. Debe ser así, después de tantos sacrificios, después de haber hecho todo lo que la sociedad nos ha obligado a hacer, después de cumplir con las expectativas que otros tenían sobre nosotros, la felicidad debe venir, debe, porque de lo contrario este contrato que firmamos más o menos conscientemente sería una verdadera estafa. Proyectados perpetuamente hacia el futuro, ni siquiera nos damos cuenta de que mientras tanto la vida se sale de control, nos pasa por delante, y fluye lejos.

Hace poco falleció un compañero de trabajo, un ataque, en la oficina misma. Nada pudimos hacer para revivirlo, ni nosotros, ni el grupo medico que fue llamado de urgencia. Davide, solo tenía 45 años, sin ningún tipo de patología previa que podría presumir su temprana muerte. Quizás pueden preguntarse, porque cuento esto. Esa mañana Davide, se había levantado, desayunó, se cambió, y salió para la oficina; como lo hago yo, como lo haces tu. Seguramente cuando cerró la puerta de su casa, no podia imaginar que esa noche ya no iba a volver. Tenía proyectos como todos nosotros, viajes programados, sueños por cumplir, tenía cabos sueltos porque pensaba que más adelante se iba a ocupar. Pero no. Nadie sabe cuanto tiempo tenemos.

El sufrimiento y del trauma que nos causó la perdida de nuestro amigo y compañero de trabajo, nos afecto a todos. Y ahí està el punto. Podemos vivir cada día en arriesgar lo mínimo posible o vivir a pleno cada instante, disfrutando cada momento como si fuera el último, sin posponer nuestros sueños para otro día, sin tener miedo a tirarse a la pileta, de cambiar, y porque no, a equivocarse.

Es necesario disfrutar el aquí y ahora, el momento mismo. Hay que comprender que la vida puede reducirse a la espera de algún evento improbable, que puede llegar a cambiar nuestra vida cotidiana. Exigimos que cambien las cosas, pero seguimos haciéndolas de la misma forma. Tenemos que ser protagonistas y dueños de nuestras vidas. Se necesita coraje claro, pero el coraje es el condimento fundamental de todas las cosas increíbles y emocionantes de nuestra existencia. Se necesita coraje para ser partícipe, se necesita coraje para seguir al corazón, coraje para nosotros mismos. Y la felicidad no es algo que se busca en el mundo o en las relaciones de pareja. Seguramente esto ayuda, pero la verdadera felicidad no aquella vana y efímera, tenemos que buscarla en nosotros mismos, en nuestro equilibrio interior.

Me pasa muy seguido, que muchas personas me dicen “a mí también me gustaría salir de viaje unos meses como lo haces tú, pero ahora no puedo, el trabajo, la casa, la familia, tendría que haberlo hecho cuando era más joven, lo haré cuando me jubile!”. Creo que, pensando de esta forma, solo hay una posibilidad, y es que los sueños se queden siendo sueños. Voy a contarles un secreto, no existe el momento para salir de viaje, ningún momento es el correcto, y esto significa que todos los momentos lo son.


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