14 meses como mochilero por América Latina
Smiling Traveller, viajero sonriente, así se llama la página Instagram de Dario Nisivoccia, nacido en 1985, en Atripalda en la provincia de Avellino. Un chico simple, alegre y apasionado. Dario, licenciado en Marketing y Comercio Internacional en París, encuentra fácilmente un buen trabajo en la capital francesa, donde permanece hasta 2018, cuando decide dejarlo todo y marcharse. Un largo viaje durado 14 meses por toda América Latina. Antes de aquel momento había viajado, pero siempre por Europa, salvo un viaje a Colombia a finales de 2017 y uno a México en 2018. En 2017 recorre también el Camino de Santiago, una experiencia importante que de alguna manera sacude su conciencia, quizás marcando el punto de inflexión para un nuevo comienzo.
Después de tanto vagar hoy, Darío regresó a Italia y, como todos nosotros, se encontró bloqueado por la pandemia y obligado a posponer sus aventuras. Actualmente está terminando la redacción de su primer libro, cuya recaudación será en parte donada para apoyar el proyecto «Sembrando Paz y Esperanza» creado por Sembradores de la Comuna 13, una asociación con sede en Medellín, Colombia, de la que Darío se enamoró durante su viaje. Esta asociación opera en uno de esos barrios “difíciles” que hasta el año 2000 estaba considerado entre los más peligrosos del mundo. Su actividad se dirige principalmente a los niños, desde la docencia al deporte, desde la educación a la cocina solidaria.
DAMOS LA “BIENVENIDA” A DARIO…
1) ¿Qué te impulsó a emprender un viaje tan largo y por qué América Latina?
El 2017 fue un año en el que me pasaron muchas cosas, buenas y malas. Son estos los momentos en los cuales uno adquiere conciencia. Tenía problemas en el trabajo, no por el trabajo en sí, sino por la actitud de la gente, era como si todos llevaran una máscara. Soy una persona muy honesta, espontánea y sonriente, por lo que no fue fácil para mí vivir así. Casi por casualidad, en mayo de 2017, hice el Camino de Santiago. Una experiencia única que te conduce a la esencialidad del ser humano. Hay una gran magia, un intercambio profundo y la gente es real, sin máscaras. Esto se debe a que en el camino todos somos iguales, no existen diferencias sociales y de posición, duermes en los mismos hostales, comes la misma comida, el sol y la lluvia son iguales para todos. Allí me di cuenta de que soy una persona real y que quería vivir según mis esquemas, respetando a los demás. Soy una persona sonriente y quiero seguir sonriendo. Demoré un poco en tomar una decisión sobre el viaje, trabajé, ahorré algo de dinero y luego me fui. Lo más difícil siempre es el primer paso, luego vas tomando conciencia, porque cuando es tu alma que te lo pide, lo que realmente sientes sale a la superficie tarde o temprano. No se puede ocultar nuestra verdadera naturaleza.
América del Sur porque tenía ganas de gente. De sentirme amado. Emprender un viaje donde poder compartir con los lugareños. Como me había sentido a gusto en mis dos viajes a México y Colombia, pensé en viajar a esas áreas y descubrir esas culturas tan “people oriented”.
2) ¿Podrías describir en pocas líneas el itinerario de tu grande adventura?
Llegué a Los Ángeles, quería pasar unos días en Estados Unidos y los vuelos eran mucho más baratos. Nunca he sido un gran amante de la cultura estrellas y rayas, pero dije a mí mismo que echar un vistazo no hubiera hecho ningún daño. De ahí bajé a México, cruzando la famosa frontera de Tijuana, la del muro de Trump y de la famosa canción de Manu Chao. De ahí México, Belice, Guatemala y más México. Después vuelo a Costa Rica, luego a Panamá y un catamarán a Colombia. Desafortunadamente, no es posible cruzar la ruta entre Panamá y Colombia por tierra debido al llamado tapón de Darién, una selva muy densa. Así que tuve la increíble experiencia de navegar por las Islas San Blas. Desde Colombia entré a Brasil en barco por el río Amazonas. Yendo hacia el sur pasé por Paraguay, Uruguay y Argentina, y desde allí inicié nuevamente el ascenso por el lado andino. Chile, junto con uno de mis grandes sueños, Rapa Nui, que es Isla de Pascua, luego Bolivia, Perú, Ecuador y las mágicas Galápagos. Finalmente, nuevamente Colombia, donde habría terminado el viaje y conocido a la asociación con la que hoy colaboro.
3) ¿Cuáles han sido las mayores dificultades que has tenido que enfrentar y, si ha pasado, cual el momento de mayor desánimo?
Tengo que decir que soy una persona que sabe adaptarse, vivo solo desde muy chico. Jugando al fútbol, a los 16 tuve que mudarme y aprender a salir adelante. Hablo varios idiomas, así que no tuve muchas dificultades. Cuando viajas debes saber respetar las otras culturas, debes recordar que eres un huésped en esas tierras, que tal vez eres tú el que es diferente. Cuando miras estas nuevas culturas con respeto y con una sonrisa, siempre eres bienvenido. Pueden surgir dificultades si no eres listo y si no sabes adaptarte. Puedes ser engañado cuando cambias dinero, puedes dejarte llevar por lugares a los que no deberías ir. No me pasó a mí, me pasó que perdí mi teléfono, pero no le di mucha importancia, al final es solo un bien material que se puede comprar de nuevo.
Siempre me he sentido como en casa y me he dado cuenta de que estoy bien moviéndome, conociendo gente nueva, culturas nuevas. No recuerdo grandes momentos de desesperación, excepto los primeros segundos en los que perdí mi teléfono. Pero luego la gente fue tan amable y servicial al ayudarme que después de unas horas me olvidé de ese mal evento.
4) ¿Podrías nombrarme tres lugares o tres momentos que quedaron en tu corazón más que otros?
Pensando hoy en día en mi viaje, definitivamente te diría el primer mes de viaje. Especialmente una vez llegado a México. Porque, aunque el viaje, dentro de mí, ya había comenzado hace tiempo, fue allí donde realmente comenzó el viaje on the road, como “mochilero”. Después de 20 días de viaje, recuerdo haber publicado un post en Instagram. Solo 20 días y tenía la impresión de haber vivido muchas experiencias.
Pues te diría Colombia, un país que tengo en el corazón. Tiene un pasado difícil, pero hoy es uno de los países más bonitos y acogedores que he visitado… Las personas son de una calidad humana extraordinaria. Caribe, desierto, pacífico, selva, montañas, amazonas. Prácticamente todo está ahí.
También te diría la Isla de Pascua. Uno de esos lugares a los que soñaba ir desde cuando era niño. Esas estatuas, los Moai, siempre me habían fascinado. Es una isla volcánica bastante pequeña, a casi 4.000 km de la costa chilena. El punto más alto estará a unos 500 metros de altitud. A tu alrededor solo el mar y el viento acariciando tu rostro. Mirando a tu alrededor, en esa inmensidad, te percibes realmente pequeño, como una gota en un océano. Al final, somos solo eso, pequeños puntos, conectados, pero casi invisibles en un mundo mucho más grande que nosotros.
Podría decir tantos otros lugares, momentos. Incluso cuando llegué a casa y mi mamá empezó a llorar, porque la había sorprendida, nadie sabía que iba a volver. Un viaje como este te cambia la vida.
5) ¿Como fue tu acercamiento a las poblaciones locales?
Siempre de gran respeto. Somos huéspedes. A menudo etiquetamos a los demás como diferentes, extraños, pero ¿nunca pensamos que nosotros también podemos ser diferentes desde su punto de vista? En realidad, se trata solo de otras culturas, cada una con sus propias tradiciones y sus formas de hacer. Cuando te acercas con respeto y educación, siempre estás bien recibido. Y luego la sonrisa, te pase lo que pase tienes que sonreír. Incluso cuando no hablas el idioma local. Una sonrisa es la única llave que abre todas las puertas, y no es casualidad que me apodaran «smiling traveller».
6) ¿Recomendarías un viaje de mochilero a todo el mundo o crees que solo es apto para un tipo particular de personas?
Aconsejaría a todos que cambien si no están contentos con su vida. Solo tenemos una y el tiempo avanza y lamentablemente solo en una dirección. Sentí que era justo para mí hacer este viaje. Me enamoré del Camino de Santiago y luego hice un segundo en octubre de 2020. No hay caminos correctos, hay infinitos, y tal vez viajando, moviéndote en la dirección de tus sueños, lo entiendes. Cada uno tiene su propio camino, el justo para sí mismo, el que lleva a la plenitud, que quizás es felicidad. No digo que hagan lo que hice yo, pero les digo que hagan lo que sienten dentro, que se escuchen más que escuchar a los que nos quieren a todos iguales y hechos con el molde. Somos seres únicos y especiales.
No todo el mundo puede hacer un viaje como el mío. Alguien puede hacer más, alguien menos. Pero cada uno tiene que hacer su propio viaje y todos pueden perseguir sus sueños, y es precisamente por esta elección, hecha con conciencia, que pasa el tren hasta la felicidad.
7) ¿Qué lección crees de haber sacado de esta experiencia? ¿Crees que has cambiado o has vuelto a ser el Darío de antes?
Ciertamente he cambiado. Cada experiencia en la que realmente te involucras te cambia. ¿Cómo puedes esperar crecer y cambiar si siempre permaneces en una zona de confort pasando tu tiempo repitiendo las mismas cosas? Solo puedes crecer si tienes curiosidad, si te comparas con cosas nuevas, si te pones en juego, si quieres aprender. Si tienes miedo de las cosas nuevas no puedes crecer, te quedarás atascado ahí donde estás. No es solo cuestión de viajar, puedes crecer y cambiar cada día incluso estando en casa, en el trabajo, en tu vida, en la relación con tu familia, con tus hijos, pero debe haber actitud positiva y curiosidad. Si te quedas en tu zona de confort ciertamente estarás más tranquilo, pero no crecerás.
El viaje me hizo dar cuenta de que quiero vivir de acuerdo con mis esquemas. Cuando miras mi página de Instagram o Facebook, soy yo al 100%. No necesito mostrar nada más. A mi alrededor quiero un mundo real, formado por personas de valores y no un mundo superficial y frívolo. El viaje me hizo comprender que todos somos hermanos, porque todos vivimos en esta hermosa tierra. El mundo es más hermoso de lo que nos cuentan en la televisión, y nosotros también, con nuestros pequeños gestos cotidianos, debemos hacer de él un lugar mejor.
8) Tanto en América Latina como en tus viajes anteriores a Europa, como el del Camino de Santiago, siempre has viajado solo. ¿Es una elección específica o simplemente dictada por las circunstancias?
Mira, siempre tuve ganas de viajar y conocer. Soy una persona curiosa. Desde niño, a diferencia de mis amigos que soñaban con ser futbolistas en los grandes equipos italianos, yo soñaba con jugar con el 7 de Manchester United o de Real Madrid. Leía historias de viajes, miraba documentales. Luego uno se adapta a sus amigos, al mundo que le rodea, y nadie me ha enseñado a viajar como lo hago hoy, lo descubrí dando un primer paso. El punto de inflexión fue precisamente el Camino de Santiago. Durante esa experiencia me di cuenta de que no necesitaba a nadie más para ser feliz y sentirme bien. Cuando te sientes cómodo contigo mismo, también te sientes cómodo con el mundo que te rodea. Ahí es como empecé a viajar como mochilero en hostales. Ahora ni siquiera sé qué es una maleta, las he dejadas completamente a un lado. Antes, tal vez estaba bloqueado por los demás, esperaba las otras personas y esto me estaba frenando. Me encanta estar en compañía, soy muy sociable, pero cuando finalmente me di cuenta de que podía viajar solo, mi vida cambió y nunca paré. Y entonces te digo la verdad, nunca me he sentido solo, porque cuando viajas solo estás más abierto a los demás, a los encuentros. Vives en una burbuja siempre abierta y no estás cerrado en tu mundo como puede pasar cuando viajas con alguien que no tiene la misma actitud que tú.
9) Hace un rato mencionamos el Camino de Santiago, otro viaje ciertamente auténtico que a menudo adquiere el valor de introspección y auto investigación. ¿Cómo viviste el Camino y qué te dejó por dentro?
Como ya he dicho, el Camino de Santiago te lleva de vuelta a lo esencial. Esta es una experiencia que todos pueden hacer y que recomiendo a todos. En el camino estamos todos en el mismo barco: el sol, la lluvia, los hostales, el peso de la mochila, los problemas físicos. Estas son cosas que pueden pasar a todos, ya sean ricos o pobres, negros o blancos, católicos o no. Se comparte todo. Y cuando hablo de lo esencial, significa que allí piensas en cosas simples: dónde dormir, qué comer, beber y socializar. Al final, no necesitamos mucho más en la vida.
10) Próximamente se publicará tu primer libro, cuyos beneficios serán destinados en parte al proyecto “Sembrando Paz y Esperanza”, ¿puedes explicarnos de qué se trata?
Hablo de mi experiencia. La experiencia de un chico que ha elegido ser feliz. Todavía no tengo el secreto de la felicidad y todavía no sé cuál sea el camino correcto, pero estoy seguro de que este camino que he tomado me hace sentir bien. Cuando haces las cosas con conciencia, no sufres la vida, sino que la vives y, en consecuencia, estás bien.
Quería dejar algo de mi experiencia a otros. Para dejar claro que no soy especial en absoluto, soy un tipo normal, como tú, que estás leyendo. A veces necesitas dar ese primer paso para sentirte bien y me gustaría ayudar a otros a hacerlo. Tal vez incluso hacerles reflexionar y divertirse con mis historias de viajes. Por eso escribí el libro, para dejar algo, para compartir que es lo contrario a dividir. Compartir es también amar, entonces decidí hacerlo con fines benéficos porque quiero ayudar a los niños de todo el mundo, porque he entendido que es algo que me hace sentir bien, que me llena de alegría. La mayor parte de lo recaudado se donará a una asociación que ayuda a los niños de la comunidad 13 de Medellín: escuela, deporte y educación.
Si el libro sale bien, intentaré ayudar a otras pequeñas asociaciones cuando vuelva a viajar, todo quedará documentado en mis páginas sociales. Realmente espero que todos me ayuden, es suficiente compartir algunas veces, para hacer grandes cosas. Así que por favor miren mis páginas y compártelas si quieren. Juntos somos más fuertes.
11) ¿Que programas tienes por tú futuro?
Ahora estoy tratando de terminar el libro, un mundo completamente nuevo para mí. Además, estoy ayudando a la asociación de Sembradores. Hemos organizado el apadrinamiento de niños desde ahora hasta fin de año. Con solo 0,50 € al día (150 € al año) puedes apadrinar a un niño, una especie de adopción a distancia. Se tendrá un contacto constante con el niño y con la asociación, y en el futuro también será posible ir de visita.
Cuando el Covid nos libere, volveré a Colombia y quiero quedarme con la asociación varios meses. Poner mis habilidades futbolísticas y escolares al servicio de esos niños para ayudarlos a crecer, darles esperanza y regalarles una sonrisa. Para poder hacer esto, necesitaré la ayuda de todos, a veces se necesita muy poco para hacer grandes cosas. Incluso esta entrevista puede ayudar a darme visibilidad, así que agradezco a quienes me dieron la oportunidad de hacerlo. También en este caso se trata de compartir. También agradezco al lector. Realmente no duden en enviarme un correo electrónico y apoyarme. Siempre responderé a sus mensajes.
Y sobre todo recuerden, ¡nunca dejen de sonreír y perseguir sus sueños!
UN GRACIAS DE TODO CORAZÓN A DARIO POR SU DISPONIBILIDAD Y POR HABERNOS ABIERTO LAS PUERTAS DE SU MUNDO.
SI QUIEREN CONTACTAR DARIO NISIVOCCIA PUEDEN HACERLO A TRAVÉS DE SUS PERFILES SOCIALES
Instagram: dario.nisivoccia (SMILING TRAVELLER)
Facebook: Dario Nisivoccia – Smiling Traveller
ACTUALIZACIONES: El libro “In Viaggio col Sorriso” está actualmente a la venta en Amazon o contactando directamente Dario a través de sus perfiles sociales.
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Gracias por compartir tu experiencia de vida Dario