Franklin e Xinia

Viajar por el mundo con cierta actitud y abertura hacia los demás, obviamente implica la fantástica oportunidad de hacerse muchos amigos en cada rincón del planeta. Pero definir a Franklin y Xinia simplemente amigos no sería del todo correcto, ya que nuestra relación fue inmediatamente más similar a la de padres e hijos. Por lo tanto, podemos decir que estos son mis «padres adoptivos ticos», así se les llama a los habitantes de Costa Rica, donde nos conocimos en el 2014 (América Latina 2014 junto con Myriam y Christian). Cruzando la frontera entre Panamá y Costa Rica nos habíamos detenido en la localidad costera de Manzanillo. Nuestros vecinos de habitación eran Franklin y Xinia que nos conquistaron con su simpatía y amabilidad extrema. No solo se ofrecieron de acompañarnos en coche a nuestra siguiente etapa, haciendo todo lo posible para hacernos conocer también otros lugares de paso, sino sobre todo invitándonos en los días siguientes a visitarlos en San José. No sé cuántas personas en el mundo estarían dispuestas a abrir las puertas de su casa, albergando a tres perfectos desconocidos durante unos días, haciendo todo lo posible para mostrarles su ciudad y sus alrededores. Su autenticidad realmente me conmovió, y reuniones como esta son las que luego te hacen mirar al mundo con un poco de optimismo, constatando que a pesar de todo hay mucha gente buena a nuestro alrededor.

Franklin y Xinia son dos personas muy religiosas, antes de cada comida reúnen sus manos y dan gracias a Dios por la comida que tienen delante, y por los seres queridos que se sientan a su mesa. Aunque no soy creyente, estos gestos me han fascinado profundamente, no tanto por el aspecto cristiano de la cosa, sino porque implican la plena conciencia de ser afortunados y agradecidos por lo que uno tiene, y recordarlo varias veces al día en mi opinión también influye positivamente en el enfoque con el que uno afronta la vida cotidiana. Agradecer comida, familia, amigos, independientemente de si nuestras atenciones están dirigidas a Dios, Allah, Buda, Naturaleza, Karma o cualquier otra entidad a la cual se desee adherir, es algo que cada uno de nosotros debería hacer.

Hacia finales de 2015 lograron viajar a Italia, donde nos alegramos de volver a abrazarlos y ser sus guías en varias ciudades de nuestro País. Hoy día tenemos a nuestro grupo de WhatsApp como cualquiera familia que se respete, gracias al cual, mantenemos un contacto constante. La tecnología, cuando se utiliza correctamente sin abusar de ella, es a menudo la mejor manera de puentear las distancias.

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