América Latina 2014 (junto con Myriam y Christian)

Duración: 6 meses  

Países recorridos: Brasil – Argentina – Paraguay – Bolivia – Chile – Uruguay – Panamá – Nicaragua – Costa Rica – Honduras – El Salvador – Guatemala – Belice – México  

Período: febrero – marzo – abril – mayo – junio – julio  



 

Desde que era un niño siempre he envidiado a aquellos que saben con absoluta certeza lo que quieren hacer cuando sean grandes. Desafortunadamente, nunca he tenido una idea clara sobre este tema. Por supuesto, si hubiera nacido en otra época habría sido explorador, me habría lanzado a descubrir nuevos mundos, viajando durante años a lo largo y ancho. Hoy en día, por supuesto, las cosas ya no funcionan así, pero lo que es cierto también es que la vida es la que nosotros elegimos, y que a menudo las obligaciones a las que estamos relegados no son más que limites que nosotros mismos nos imponemos.

La idea de este largo viaje comenzó a arraigarse en mi mente en 2012 mientras estaba en un pequeño restaurante en un pueblo remoto en el sur de Vietnam. Cuando conoces a otros viajeros, más aún si se trata de mochileros, el interactuar con facilidad llega a ser casi un factor natural. Se percibe un vínculo, un sentimiento de intercambio y fraternidad. Así que conozco a un alemán, el único otro comensal además de mí y mis compañeros de viaje. Nos dice que tomó un año sabático para conocer el mundo y que esa misma noche «celebra» los primeros 6 meses fuera de casa. Ciertamente no era la primera vez que conocía personajes más o menos extravagantes que habían estado vagando durante meses o incluso años. De alguna manera siempre habían despertado mi interés, tanto por la experiencia que estaban viviendo como por sus ideas e ideales que a menudo compartía y sentía fuertemente relacionados con los míos. Lo que me llamó especialmente la atención de este chico, sin embargo, fue su equilibrio, la paz interior que parecía haber encontrado. Puede haber sido el contraste con el hecho de que nosotros sólo disponíamos de 23 días y teníamos que viajar por la noche para ganar tiempo (Sudeste Asiático 2012 – junto con Myriam, Simone e Ilaria), pero recuerdo haberlo mirado fijamente en los ojos y nunca haberme sentido tan envidioso en mi vida.

La semilla de este sueño está plantada, pero esto no es suficiente. Una serie de acontecimientos felices y trágicos de alguna manera me empujan hacia este paso. La desaparición del abuelo, mi abuelo, a quien estaba muy cercano, primero me consume con una violencia sin precedentes, pero luego me lleva a reflexionar sobre el paso inexorable del tiempo y sobre lo que realmente quiero. Pensamientos quizás banales, pero en los que a menudo no nos detenemos lo suficiente. ¿Qué es que me hace realmente feliz? El tiempo es el único bien que no podemos comprar, es limitado para cada uno de nosotros, y nos guste o no, tarde o temprano se agotará. Por lo tanto, ¿no debemos tratar de alcanzar nuestros sueños aprovechando cada momento? ¿No deberíamos al menos tratar de ser felices? Para hacer esto no hay ninguna receta que se aplique a todos, cada uno debe encontrar su camino, entender lo que lo gratifique y lo haga sentir bien. Puede ser la carrera, puede ser la familia, puede ser cualquier cosa. Para mí ciertamente es viajar.

Otro evento catalizador es ofrecido por una propuesta de trabajo que llevaría a Myriam a viajar durante meses al extranjero. Por lo tanto, ha llegado el momento de aprovechar la oportunidad mezclando el trabajo con el placer. Pido una licencia de 1 año, de lo contrario ya comunico que estoy listo a presentar la dimisión. Me hacen una contrapropuesta, 6 meses de licencia y la posibilidad de conservar mi trabajo. Acepto.

Lo que parecía ser sólo una fantasía ahora pasa a ser real y se vuelve concreta. Acompañando a mí y a Myriam en esta nueva aventura finalmente está Christian, con quien hace años ya había compartido mi primer viaje como mochilero (América Latina 2005-2006 junto con Christian y Simone). Christian también está pasando por un período difícil y siente la necesidad de un cambio radical. Para el también, la llamada al agarrar la mochila y marcharse nunca ha disminuido. Así que no podía imaginar mejores compañeros. Mi esposa, la mujer que amo y que es parte integral de mí mismo, y mi mejor amigo, el que siempre ha estado allí, que me conoce tal vez mejor que cualquiera y con quien tengo un vínculo muy profundo.

¿Dónde ir? Para nosotros la elección es obvia. El continente que amamos locamente, aquel en el que nos sentimos libres y como en casa. América Latina nos espera. Exploraremos áreas de Sudamérica que hemos descuidado, regresaremos a aquellos lugares que nos han hecho perder la cabeza y nos lanzaremos hacia el conocimiento de los países de Centroamérica que aún no hemos explorado.

Un itinerario desafiante que nos verá cruzar 14 países, algunos de los cuales objetivamente bastante peligrosos. Conoceremos a una serie de personas maravillosas, tanto entre los viajeros como entre la población local, con quienes forjaremos lazos de profunda amistad que aún sobreviven con más firmeza que nunca a pesar del paso de los años. Dedicaremos casi una semana al voluntariado, unos días que nos darán emociones únicas y que nos enriquecerán como ninguna otra experiencia había hecho en el pasado.

¿Qué puedo decir? 6 meses de vagabundeo no son unas vacaciones, no son un viaje, o más bien, no un viaje convencional. 6 meses son vida, pura vida que fluye a lo largo de las venas y apunta directamente al alma. Un tiempo para reflexionar, un tiempo para aprender a mirar al mundo con ojos nuevos, un tiempo para cambiarse a uno mismo. Por supuesto, en el pasado ya me había embarcado en largos períodos lejos de casa dejándome llevar por el viento, pero esta fue sin duda la experiencia más aventurera y consciente de todas. ¿Por qué «consciente» preguntarán?  Simplemente porque nunca como en este momento de nuestras vidas hemos sido tan conscientes de nuestras decisiones, conscientes de que esto era lo que realmente queríamos hacer y que necesitábamos con fuerza. Conscientes de la forma en que enfrentar y vivir esta nueva «locura» al máximo, sin miedo alguno y con la convicción de que una actitud positiva, un enfoque abierto y soleado hacia los demás, lleven al mundo a reservarnos sólo cosas hermosas.
¿Qué más decir si no «Pura vida mochilero!«.


 

Itinerario detallado y descripción rápida :

Brasil:
RIO DE JANEIRO – PARATI – SAN PAOLO – FOZ DO IGUAÇU


Argentina
PUERTO IGUAZÙ


Paraguay
CIUDAD DEL ESTE – ASUNCIÓN – AREGUÁ – TRINIDAD – ENCARNACIÓN  


Argentina
POSADAS – SALTA – CAFAYATE – CACHI – TILCARA – LA QUIACA


Bolivia
VILLAZÓN – UYUNI – SALAR DE UYUNI – SUD DEL LIPEZ


Chile
SAN PEDRO DE ATACAMA – CALAMA – LA SERENA – VICUÑA – SANTIAGO – VALPARAISO – VIÑA DEL MAR – VILLARRICA – OSORNO – MAICOLPUÉ – BAHÍA MANSA – PUERTO VARAS – COCHAMÓ – LA JUNTA – PUERTO MONTT – CHILOÉ – ANCUD – PUÑIHUIL – CASTRO – DALCAHUE – CURACO DE VÉLEZ – ACHAO – CUCAO – QUELLÓN – PUERTO CHACABUCO – PUERTO AYSÉN – COYHAIQUE – PUERTO RIO TRANQUILO – CHILE CHICO


Argentina
LOS ANTIGUOS – EL CHALTÉN – EL CALAFATE


Chile
PUERTO NATALES – TORRES DEL PAINE – PUNTA ARENAS


Argentina
USHUAIA – BUENOS AIRES – LA CESIRA – CORDOBA – CAPILLA DEL MONTE – CONCORDIA


Uruguay
SALTO – DAYMÁN – MONTEVIDEO – PUNTA DEL ESTE – CABO POLONIO – COLONIA DEL SACRAMENTO – MONTEVIDEO

 


Panamá
PANAMÁ – SABANITAS – PORTOBELO NATIONAL PARK – LA GUAIRA – ISLA GRANDE – EL VALLE – LAS LAJAS – DAVID – CHIRIQUI GRANDE – ALMIRANTE – ISLA COLÓN – ISLA BASTIMENTO – CHANGUINOLA – GUABITO


Costa Rica
SIXAOLA – PUERTO VIEJO – MANZANILLO – PUNTA UVA – CAHUITA – PUERTO LIMÓN – SAN JOSÉ – MANUEL ANTONIO – QUEPOS – ALAJUELA – LA FORTUNA – MONTEVERDE – LIBERIA – PLAYA FLAMINGO – POTRERO – PLAYA PENCA – PLAYA CONCHAL – PEÑAS BLANCAS


Nicaragua
SAPOÁ – RIVAS – ISLA OMETEPE – MOYOGALPA – PLAYA VENECIA – ALTAGRACIA – PLAYA SANTO DOMINGO – GRANADA – CATARINA – MASAYA – LEÓN – GUASAULE


Honduras
GUASAULE – TEGUCIGALPA – COMAYAGUA – LAGO DE YOJOA – SAN PEDRO SULA – COPÁN – SANTA ROSA – LA ESPERANZA – GRACIAS – NUEVA OCOTEPEQUE – EL POY


El Salvador
LA PALMA – SUCHITOTO – SANTA ANA – SAN CRISTOBAL


Guatemala
CITTÀ DEL GUATEMALA – ANTIGUA – CHIMALTENANGO – LOS ENCUENTROS – SOLOLÁ – PANAJACHEL – LAGO DE ATITLÁN – SANTA CRUZ – JAIBALITO – SAN MARCOS – SAN JUAN – CHICHICASTENANGO – SANTA CRUZ DEL QUICHÉ – USPANTÁN – COBÁN – LANQUÍN – SEMUC CHAMPEY – SAYAXCHÉ – FLORES – EL REMATE – YAXHÁ – TIKAL – MELCHOR DE MENCOS 


Belice
BENQUE VIEJO DEL CARMEN – DANGRIGA – INDIPENDENCE – PLACENCIA – DANGRIDA – HOPKINS – BELIZE CITY – CAYE CAULKER – BELIZE CITY


México
CHETUMAL – TULUM – SAN CRISTOBAL DE LAS CAAS – SAN JUAN CHAMULA – SALINA CRUZ – OAXACA – HIERVE EL AGUA – POCHUTLA – MAZUNTE – PUERTO ESCONDIDO – ACAPULCO – PIE DE LA CUESTA – CITTÀ DEL MESSICO – PACHUCA – REAL DEL MONTE – PRISMAS BASALTICOS – TEOTIHUACÁN – XOCHIMILCO – COYOACÁN







Nuestras peripecias esta vez empiezan en Río de Janeiro, una ciudad gigantesca que no necesita presentación. El impacto está lleno de contrastes. La belleza de Río, rodeada de exuberantes colinas verdes que contrastan con el azul del océano y la tierra teñida de rojo, es nada menos indiscutible. Sin embargo, contrariamente a lo que esperábamos, la población parece malhumorada, grosera, casi molestada por nuestra presencia. La brecha económica entre las diferentes clases sociales parece ser clara y extrema. Algunas áreas se consideran fuera de los límites porque peligrosas, pero un peligro que yo personalmente no percibí, a pesar de que los asaltos y robos contra turistas están casi a la orden del día.
Las playas de Copacabana e Ipanema son el lugar ideal para recuperarse del cansancio del largo vuelo. Inmediatamente nos lanzamos al descubrimiento de la gastronomía brasileña, ya sea restaurantes llenos de gente o comida callejera, todo es delicioso y barato.
Subimos a la cima del Pan de Azúcar, para disfrutar de una vista de 360° que deja sin aliento, y luego en el Corcovado, para admirar de cerca al Cristo Redentor, la imponente estatua símbolo del país que parece abrazar la loca Río.

Afortunadamente, la actitud hostil de los brasileños encontrados hasta ahora cambia totalmente en el pueblo costero de Parati. Aquí todo el mundo parece abierto, amable, listo para el diálogo. Grandes rocas que parecen haber sido lanzadas al azar forman la superficie de la carretera de las calles que caracterizan el pequeño, pero encantador, centro histórico. Una perla de arquitectura colonial que, gracias a hermosas playas desiertas, la calidez de su gente y el clima de fiesta que envuelve todo al caer la noche, hace difícil continuar el viaje.

Sil y André, dos queridos amigos de Myriam con los que había trabajado cuando estaba a bordo de Costa Cruceros, nos esperan en São Paulo. Nos alojamos en el distrito de Vila Madalena, una zona tranquila que por la noche se transforma por completo. Miles de personas acuden a los clubes en un ambiente festivo alegre y contagioso en el que nos lanzamos de cabeza. No veía tanta gente por la calle desde la última vez que Italia ganó el Mundial.



Aunque São Paulo sea una verdadera metrópolis, el metro permite cubrir las grandes distancias con facilidad. Lo que más nos llama la atención es el Mercado Municipal, un viaje para los sentidos, un lugar único para saborear una infinita y deliciosa variedad de frutas y zumos frescos dignos de ser llamados «obras de arte».

Mas de 15 horas son necesarias para llegar a Foz do Iguazú, una ciudad que de agradable tiene muy poco excepto las famosas cascadas. Sin embargo, habiendo ya visitado el lado brasileño en pasado (Sudamérica 2007-2008 junto con Myriam) somos conscientes de que el lado argentino es definitivamente superior en todos los aspectos. Así que decidimos despedirnos de Brasil y cruzar la frontera.


Argentina para nosotros es como una vieja amiga, un país donde es fácil sentirse como en casa y donde siempre estas recibido con un afecto completamente injustificado que, precisamente por esta razón, llena el corazón.
Para Christian es la primera vez en Puerto Iguazú y para nosotros volver es casi un deber. La ciudad no ha cambiado en absoluto, afortunadamente sigue resistiendo a un desarrollo excesivo a pesar de la continua afluencia turística. Es la hora de explorar las Cataratas del Iguazú. Al igual que nos pasó a mí y a Myriam hace años, Christian también lucha para contener las lágrimas frente a la espectacular Garganta del Diablo. De hecho, este enorme desfiladero en el que cae una masa continua y explosiva de agua deja sin palabras y como dicen aquí en Argentina «te impacta«. Pasamos todo el día inmerso en la selva a lo largo de caminos que permiten admirar las muchas cascadas desde diferentes ángulos. El destino entonces nos hace un regalo más único que raro. Un pequeño barco permite llegar a un islote donde está permitido sumergirse en el agua cerca de las cascadas. Evidentemente debido a alguna comunicación errónea entre el personal del parque, nos llevan a la otra orilla cuando el servicio todavía está cerrado al público. Así que durante 20 minutos nadie viene. Los tres estamos completamente solos a bañarnos con una escenografía de postal. Una de esas experiencias que no se olvidan.


Saludamos solo temporariamente el territorio argentino para conocer un nuevo país, Paraguay. Para llegar a la capital nos vemos obligados a pasar por la tristemente célebre Ciudad del Este. Cerca de la terminal de autobuses, el escenario que encontramos frente a nuestros ojos hiela la sangre. Familias enteras acampadas en tiendas de campaña y chozas improvisadas al lado de la carretera. Niños muy pequeños vestidos con trapos y sentados en silencio en medio del barro y de la basura. A lo largo de los años he visitado a menudo países con serios problemas de pobreza. Sin embargo, nunca había encontrado gente en condiciones tan extremas. El dolor se funde con la ira y la impotencia frente a todo esto.

Asunción no es particularmente grande, sin embargo, el tráfico es constante y digno de una metrópoli asiática. Los motores de los vehículos obsoletos hacen que el aire sea casi irrespirable en las zonas del centro. Nos sorprende la extrema amabilidad de los paraguayos. Probablemente no hay muchos extranjeros que visitan el país, por lo que despertamos gran curiosidad en aquellos que conocemos. Aquí es muy fácil pasar horas enteras conversando con perfectos extraños sin ni siquiera darse cuenta. Los blancos y los guaraní viven en paz, pero los contrastes sociales son fuertes. Los Mercedes desfilan al lado de personas sin hogar tiradas a un lado de la carretera.
Excursión en el día a Areguá, un lugar no muy lejano que una vez disfrutó de cierto lustre. Hoy, por desgracia, todo parece desolado y descuidado. De hecho, durante años, las fábricas han vertido en las aguas del lago en el que se encuentra, todo tipo de residuos sin ningún control. La contaminación ha alcanzado niveles tan preocupantes que nadie se atreve a acercarse al agua. El viaje desde la capital hasta aquí, sin embargo, ofrece una mirada auténtica y sincera sobre la realidad rural del país. De hecho, se cruzan aldeas rurales a lo largo de caminos de tierra roja y haciendo slalom entre animales de granja que vagan sin ser molestado.

El carnaval está a la vuelta de la esquina, y el más famoso en estas partes es sin duda el de Encarnación, que atrae a un gran número de visitantes cada año. Por lo tanto, nosotros también aprovechamos la oportunidad para experimentar el sambódromo de primera mano. Hombres y mujeres con cuerpos escultóricos desfilan bailando durante horas, dando vida a una fiesta despreocupada y abrumadora. Una noche mágica en la que todo el mundo no piensa en nada más que divertirse. También conocemos a un grupo de estudiantes italianos de entre 16 y 17 años que llevan a cabo un año de estudio en el extranjero gracias a un proyecto intercultural. Parecen muy sorprendidos de encontrar compatriotas y están fascinados por nuestro viaje de 6 meses de mochileros. Ellos nos envidian, y nosotros envidiamos a ellos por la experiencia formativa que están experimentando y que en mi época era impensable.



Todavía abrumados por las celebraciones visitamos las ruinas de las misiones jesuitas en Trinidad, patrimonio de la humanidad de la UNESCO que todo el mundo parece haber olvidado. No es de ninguna manera raro ser los únicos en vagar en total soledad a través de este sitio, símbolo de la opresión sufrida por los guaraníes. A pesar de la connotación negativa, la atmósfera que se respiras es serena, y el contraste de colores entre el verde de la hierba, el azul del cielo, y el rojo intenso de la tierra y de los ladrillos, es decididamente sugestivo.

Aquí, también, los que nos impacta profundamente es el pueblo paraguayo. La gente por la calle nos saluda y nos dedica sonrisas sinceras. Algunos incluso vienen a estrecharnos la mano, otros aún se detienen preguntándonos cuál es nuestra historia. Nada más fascinante en mi opinión. La mejor manera de entender a un pueblo es charlar con la gente común. Nada me hace sentir más vivo que un momento de intercambio y complicidad.



Un simple río divide la frontera paraguaya de la frontera argentina. Para evitar las interminables colas aduaneras decidimos cruzar la frontera con un barco a motor. Muy buena elección. En un abrir y cerrar de ojos estamos en Posadas. Aquí comienza un viaje en el viaje. Una experiencia llena de emociones sobre las que podría escribir sin fin. Posadas ciertamente no es un destino turístico o digna de ser incluida en su itinerario para alguna atracción cultural o paisajística. Estamos en una de las zonas más pobres de Argentina. Hemos venido aquí para conocer de cerca una ONG italiana llamada «Jardín de los Niños» y ser voluntarios en sus instalaciones durante unos días. La asociación hace un poco de todo, porque en Posadas necesitas todo. Van desde la educación escolar hasta la formación laboral, desde la construcción de viviendas hasta la distribución de alimentos para los necesitados, desde los cultivos necesarios para apoyar todas estas actividades hasta la hospitalidad dirigida a madres, niños de la calle y ancianos abandonados a sí mismos.
Habíamos escrito a Jardin de los Niños antes de salir e inmediatamente habían sido muy amables y dispuestos a ofrecernos hospitalidad. A darnos la bienvenida en el puerto encontramos a Enrico, nuestra figura de referencia, la que, en los próximos días, se esforzará de mostrarnos y explicarnos cada aspecto de la realidad en la que estamos entrando. Enrico inmediatamente aparece como una persona hermosa, que primero vino aquí como voluntario durante 15 días, luego regresó durante 6 meses, y ahora se ha mudado definitivamente desde más de 10 años.
Por supuesto que no somos los únicos voluntarios, así que conocemos a nuestros compañeros de casa. Matteo, Ilena y Angela, estudiantes de psicología de Padua que realizan la pasantía de 6 meses, y Martina, esteticista de Montegrotto Terme que decidió dedicar 1 mes a ayudar a los demás. ¿Saben cuándo conocen a alguien que les parece conocer desde siempre? Bueno, así fue para todos nosotros. Desde el primer momento se crearon una armonía y una complicidad entre nosotros que hizo maravillosa una experiencia que ya habría sido, por decir lo menos, interesante.



En la casa familia al lado de la nuestra, llamada hogar, se hospedan las madres adolescentes con sus hijos. Cada una de ellas tiene detrás historias terribles que inevitablemente han dejado una huella indeleble. Violación, malos tratos, abandono, todo esto a menudo por manos de aquellos que hubieran debido protegerlas. Pasamos mucho tiempo con ellas, y aunque no será fácil romper el recelo inicial, logramos ganarnos la confianza de los niños primero y luego la de sus madres. Hay varias figuras que los cuidan y que tienen la tarea de enseñar las reglas básicas de higiene y cuidado hacia sí mismas y los niños. Todas cosas que nosotros damos por sentado, pero que en realidad no lo son en situaciones como estas. Andrea es sin duda la persona más adecuada para este papel y se destaca de los demás por su dulzura y profesionalidad.
El segundo día está dedicado a San Jorge, el barrio más pobre que se encuentra en lo que una vez fue nada más que un basurero. A lo largo de los años Jardin de los Niños ha construido más de 800 viviendas, así como un centro social, una clínica y un centro para personas mayores. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos realizados, la obra está lejos de terminarse. Una extensión interminable de chozas, construidas a partir de materiales improvisados y alcantarillas que fluyen al aire libre, esperan la ayuda de la ONG. Carina, directora del centro social, nos acompaña a través de lo que podemos llamar una favela. Todos nos saludan, nos abrazan, nos besan. En este contexto de degradación social, desafortunadamente, la violencia, el abuso y el robo están a la orden del día. Carina está muy impresionada con mi español, por supuesto que la suerte de ser bilingüe hace que todo sea más fácil y me permita interactuar con las personas sin límites.
En los días siguientes visitamos la chacra, es decir, la granja y los cultivos que sirven de medio de vida para el comedor y para todos aquellos que encuentran alojamiento y refugio en las diversas estructuras del centro. Una experiencia formativa sobre todo desde el punto de vista humano gracias a la acogida que nos han dado los agricultores, dispuestos a compartir con perfectos desconocidos lo poco que tienen.
Luego regresamos de nuevo a San Jorge, a la «Casa de los Abuelos«, el centro para personas mayores donde cocinaremos pizza para todos. De hecho, todo lo hace Matteo, nosotros nos limitamos a ayudar y sobre todo a charlar durante mucho tiempo con los encantadores viejitos y con la gerente Lucía, otra de esas personas extraordinarias que sólo puedo admirar profundamente. Los abuelos son hermosos, cada uno a su manera. Desde Felicia que sonríe mostrando el único diente que le queda a Pedro que cuando habla no se le entiende una palabra.
El último día también tendremos la oportunidad de conocer a Emilio, el fundador de la asociación. Su historia me mueve particularmente ya que mi familia también experimentó de primera mano los trágicos acontecimientos de la «Guerra sucia«. Emilio era hijo de un industrial, cuando estalló la dictadura en Argentina en 1976, resulta que la persona a la que había alquilado uno de sus apartamentos era un miembro de la izquierda. Esto fue suficiente para etiquetarlo como un enemigo de la junta militar. Fue secuestrado, encarcelado y torturado durante 19 meses. Sólo logró salvarse gracias a los maridos de sus dos hermanas que, siendo militares, lograron liberarlo en medio de la noche cargándolo moribundo en un avión con destino a Italia. Muchos años más tarde, volviendo a su tierra natal, Emilio se sorprendió por la pobreza extrema de algunas partes del país, decidiendo fundar Jardin de los Niños.
Entre las muchas personas especiales conocidas todavía no he mencionado Ilaria, otro punto fundamental de referencia para nosotros desde los primeros contactos por correo electrónico. Ella también, como pasó con Enrico, llegó como simple voluntaria y decidió quedarse, cambiando su vida y creando su familia aquí.

Sólo han pasado 5 días desde nuestra llegada, unos días vividos con tanta intensidad que parecen meses. Recuerdo haber llegado con un deseo loco de hacer, de ayudar a los demás, de ensuciarme las manos. Sin embargo, las grandes acciones no siempre son necesarias. A veces es suficiente sólo escuchar quienes lo necesite, hacerles compañía, hacerles sentir que estás ahí para ellos y que no están solos y olvidados. Lo que no me esperaba entonces es que lo que se recibe es mucho más de lo que se deja. Fue una experiencia emocionalmente desafiante y profunda. Mentiría si dijera que no sentí cierta reticencia el primer día cuando extraños sucios, vestidos con trapos, me abrazaban y me besaban. Sin embargo, después de esa natural aversión inicial se empieza a mirar todo con nuevos ojos, dando más importancia a las cosas que realmente importan y no a lo que aparece. Me llevo de aquí sonrisas, abrazos y lágrimas de gente maravillosa, para quien siempre guardaré un lugar especial en mi corazón.

Dejamos fatigosamente, entre lágrimas, nuestro hogar y los saludos se vuelven desgarradores. Parece absurdo haberse aficionado el uno al otro en tan poco tiempo. Durante las 22 horas que nos separan de Salta discutimos sin descanso de la posibilidad de abandonar el viaje y parar al Jardín de los Niños. Al final prevalece el deseo de seguir, pero con la certeza de que esto no será un adiós, sino un simple hasta luego.
Salta «la linda«, nos aparece exactamente como la recordábamos, limpia, cuidada y elegante. Un bienestar al que ya no estábamos acostumbrados. Esta es también nuestra base para explorar dos lugares imperdibles, Cafayate y Cachi. Muy diferentes el uno del otro, pero igualmente fascinantes. En Cafayate cruzamos un territorio árido, donde gigantescas rocas multicolores moldeadas en milenios de erosión por el agua y el viento dan lugar a escenarios vagamente similares al Gran Cañón. Entramos en profundas gargantas rocosas y luego nos detenemos entre los viñedos de uno de los productores de vino de la zona. En Cachi el paisaje cambia por completo. Exuberantes montañas verdes se alternan con cactus gigantes, dueños indiscutibles y guardianes de la meseta.

Siguiente destino Tilcara, un pueblo en las montañas del que hace años ya nos habíamos enamorado Myriam y yo (Sudamérica 2007-2008 junto con Myriam). El deseo de volver y hacerle conocer este lugar muy especial a Christian también es enorme. Nada parece haber cambiado. Calles polvorientas de arcilla, coloridos puestos de artesanía, exquisitas especialidades locales de comida callejera que crean peligrosas adicciones, y ritmos sosos y relajados que marcan la vida de los habitantes. Inolvidable además la bóveda estrellada que, gracias a la ausencia de contaminación lumínica, permite admirar claramente la vía láctea.
Bajando del autobús conocemos a Adriel, un chico de Buenos Aires que se unirá a nosotros por unos días. Compartiremos con él nuestro alojamiento, días de caminata entre montañas multicolores surrealistas, cenas agradables y esos momentos de humanidad que hacen que viajar sea tan especial sin el miedo a abrirse a los demás. Ni que decir que será el comienzo de una profunda amistad.
La tranquilidad y el encanto de Tilcara son contagiosos. Serán necesarias tres noches para convencernos a partir.




Continuamos en dirección norte hasta La Quiaca. Los rasgos somáticos que nos rodean, la ropa y en algunos casos incluso la lengua, empiezan a cambiar. Los controles aduaneros son prácticamente inexistentes, por lo que en un abrir y cerrar de ojos estamos en Villazón. Bolivia nos recibe con su explosión de colores, desde la artesanía hasta la ropa tradicional de las mujeres indígenas. Las faldas grandes también asumen una función importante y poco ortodoxa. Es costumbre contrabandear mercancías escondiéndola justo debajo de la ropa. Esta es, por supuesto, una práctica a condenar, pero que, a pesar de esto, siempre ha despertado una gran hilaridad en mí.
Rápidamente encontramos un autobús dirección Uyuni. El transporte en este país tiene un precio casi ridículo, pero elegir una empresa o un vehículo es exactamente como jugar a la ruleta rusa. Todo está en manos de la señora suerte. Por lo tanto, es esencial afrontarlo con filosofía, siempre esperando lo peor y tratando de no perder la sonrisa y la paciencia. ¡Comienza el viaje de la esperanza! Retraso de 2 h y 30 minutos antes de salir, vehículo destartalado que desafía las leyes de la física y del tiempo, goma perforada, ventanas rotas que no se cierran… ningún problema si no fuera que por la noche en la meseta andina las temperaturas caen por debajo de cero. En resumen, 10 horas de calvario. Pero esto también es el viaje, y a menudo, a lo largo de los años, las desventuras son las que más se recuerdan con ironía. Nos consola la conciencia de que nos estamos acercando al Salar de Uyuni, un desierto de sal que todavía considero hoy como el lugar más increíble que he visto en mi vida. Durante la temporada de lluvias se crea una manta de agua de unos 10 cm por encima de la superficie blanca. El efecto es el de un espejo que mezcla la tierra y el cielo en un solo elemento. Todo y todos son incorporados y la sensación engañosa es la de flotar en el vacío. Esta vez, sin embargo, lo cruzamos durante la estación seca, por lo que no hay agua, y aunque obviamente esto comprometa su encanto, por otro lado, nos permitirá cruzar completamente el desierto y luego dirigirnos a la frontera con Chile. Así que hacemos una excursión organizada de 3 días por el sur de Lipez, única manera de entrar en un territorio tan maravilloso como inhóspito. Junto a nosotros, tres jóvenes suizo-alemanes muy agradables, pero con los que encontraremos difícil unirnos debido también a las barreras lingüísticas. Aunque la experiencia no será tan mágica como la de 2008 (Sudamérica 2007-2008 junto con Myriam) seguiremos disfrutando de paisajes extraordinarios, cruzando extensiones desérticas, coloridas lagunas, cactus gigantes, géiseres naturales, árboles petrificados, rodeados por miles de flamencos rosados, llamas y vicuñas.


Nos afectan un poco a las dolencias físicas relacionadas con la altitud, por otro lado 5000 m no son realmente una broma. Afortunadamente la carretera hacia Chile baja rápidamente, tan rápido que parece casi de recorrer un mágico camino de un cuento de hadas. Un descenso vertiginoso y siempre recto que parece no tener fin. Nos sentimos así rápidamente mejor y estamos listos para San Pedro de Atacama, donde Diego, un viejo amigo de Christian que no ve hace años, nos está esperando. Diego se unirá a nosotros durante las próximas 2 semanas y nos recibirá en su casa durante nuestra estancia en la capital chilena.
Aunque San Pedro de Atacama no sea nada más que un pequeño pueblo en el borde del desierto, el contraste con Bolivia es más que evidente. Las carreteras pavimentadas, la limpieza y la prosperidad económica contrastan con la realidad a la que nos habíamos acostumbrado en los últimos días. El pueblo es encantador, aunque la afluencia turística sea un poco excesiva. Visitamos el Valle de la Luna, llamado así precisamente por su similitud con la superficie lunar. Exploramos las entrañas de la tierra, y luego subimos las empinadas laderas rocosas y disfrutamos desde la parte superior del inolvidable espectáculo de la puesta de sol en el vasto desierto.



Empezamos a bajar rumbo al sur, y después de una breve parada en La Serena para descansar en la playa frente al océano, llegamos al Valle del Elqui quedándonos en Vicuña. La zona es conocida por la cantidad de avistamientos de ovnis y, según sus habitantes, por la presencia de energías cósmicas particulares. Más allá de estas peculiaridades, la atmósfera que se respira es de extrema serenidad y paz interior. La gente es extremadamente amable e inclinada al diálogo, tal vez incluso demasiado, pasamos horas y horas escuchando las historias de aquellos que cruzan nuestro camino.
El maravilloso valle de un verde intenso es también el centro neurálgico de la producción de vino y pisco, una típica bebida alcohólica chilena. También visitamos el observatorio astronómico de Mammaluca, que resultará ser una verdadera decepción, pero su posición en la cima de una colina rodeada de oscuridad naturalmente permite una vista increíble de las estrellas.

En Santiago tenemos la suerte no sólo de ser huéspedes de Diego, sino también de poder vivir la capital intensamente gracias a él y a sus queridos amigos. Grandes espacios verdes, galerías de arte, vida nocturna festiva y un fervor cultural particular serán los ingredientes principales de nuestra estancia.



El domingo Diego nos llevará a almorzar a la casa de su abuela, donde nos espera toda su familia deseosa de conocernos. Gente fantástica que nos hará descubrir de cerca las tradiciones chilenas, pero sobre todo nos recibirá con calidez, haciéndonos sentir como en casa.


Menos de dos horas nos separan de Valparaíso, un jubilo de colores brillantes, enclavado entre la magia del océano y la majestuosidad de las montañas. Caminamos largamente a través de sinuosos carriles en un continuo sube y baja, descubriendo incluso en las esquinas más escondidas coloridos murales que ayudan a hacer de Valpo una de las ciudades más evocadoras del país.
También aprovechamos para disfrutar de un día de playa de la cercana Viña del Mar. Desafortunadamente, es hora de despedirnos de Diego, que tiene que volver a sus obligaciones laborales. Sin embargo, nuestra forma de viajar lo ha conquistado hasta tal punto que promete unirse a nosotros en México en unos meses.

Solos, volvemos a la carretera, hacia la zona de los lagos, una zona muy fascinante desde un punto de vista naturalista y decididamente menos turística que nuestras últimas etapas. Villarrica resulta ser una ciudad agradable, embellecida por un lago encantador custodiado por un volcán activo perennemente humeante. Largos paseos, profundo silencio y mucha comida genuina. Por la noche festejamos junto a todos los huéspedes del albergue en el que nos alojamos. El vino y el pisco fluyen en ríos, y el alcohol cancela fácilmente cualquier barrera lingüística y cultural. Chilenos, turcos, ingleses, argentinos, etc… Una verdadera mezcla de etnias, todos felices y conscientes de la suerte de poder estar allí para compartir experiencias, pensamientos y momentos especiales que nos llevan a reflexionar sobre lo similares que somos todos.



Pasando por Osorno, nos detenemos en Maicolpué, cerca de Baia Mansa. La temporada de baño ha terminado, y el pueblo parece totalmente desierto. Nos cuesta encontrar comida y alojamiento para pasar la noche. Esperábamos ver delfines que a menudo se acercan mucho a la costa, pero el mal tiempo hace que la hazaña sea muy difícil. Así que decidimos continuar hasta Puerto Varas, otro lugar que se encuentra a orillas de un lago, meno encantador que Villarrica, pero aún bonito y caracterizado por unas vistas que recuerdan más a Suiza que a América Latina.

Nuestro objetivo principal es Cochamò, un pequeño pueblo perdido en las montañas. Desde aquí comienza una caminata de 13 km entre las más bellas de todo el país. Cuando llegamos llueve a cantaros, los alojamientos son muy pocos y caros. Como de costumbre, sin embargo, la diosa fortuna y los encuentros hechos en el camino nos ayudan. Nos recibe una pareja muy agradable que nos alquila su precioso bungalow de madera situado en el jardín. Al día siguiente la lluvia no muestra signos de disminución, por lo que pasamos el día en total relax, escribiendo, leyendo, estudiando nuestro itinerario y mimados por la señora que nos trae sus exquisitos postres caseros. A la mañana siguiente finalmente podemos tomar el camino. Debido a las lluvias algunos tramos están tan empañados que es extremadamente difícil avanzar. Tomará unas 5 horas subir a La Junta, un enorme césped rodeado por una corona de montañas gigantescas que dan vida a un paisaje extraordinario. Desafortunadamente no tenemos una tienda de campaña y no habíamos planeado dormir aquí, pero habría absolutamente valido la pena. Volviendo nos perdemos varias veces debido a la muy mala señalización, pero el ruido del río nos ayuda a orientarnos.



De vuelta rumbo al sur, en dirección de otro destino que tanto anhelamos. Estoy hablando de la Isla de Chiloé. Hay que pasar por Puerto Mont, cargan el autobús de dos pisos en un ferry mientras que estamos rodeados de cientos de pájaros, leones marinos y pingüinos nadando a nuestro alrededor sin importarse de nuestra presencia, ¡y está hecho! Misterios y leyendas antiguas siempre han alimentado el encanto de estas tierras lejanas. Comienza nuestra exploración del archipiélago. Ancud y su Costa Negra. Puñihuil y sus innumerables, simpáticos pingüinos. Castro con sus coloridas iglesias y pintorescas casas de zancos. Achao, Dalcahue y Curaco de Vélez, aldeas soporíferas fuera del tiempo. Cucao, donde nos internamos al Parque Nacional Chiloé concomitantemente con las celebraciones para el cumpleaños de Myriam.



Para continuar nuestro viaje hacia el sur tenemos dos opciones. Regresar a Puerto Mont y seguir en la «carretera», o empujarnos a la punta de la isla y subir a un barco que zarpa desde el infame puerto de Quellón hacia Puerto Chacabuco. Las informaciones al respecto son pocas, nuestra guía Lonely Planet ni siquiera habla de este, pero nunca nos ha gustado regresar por la misma carretera, así que optamos por la navegación. La elección resulta ser muy buena. Más allá de la comodidad y el espacio que ofrecen los sillones de nuestra nave, poderse levantar, caminar por la cubierta, tomar el sol en el techo, comer o simplemente disfrutar de un café en el bar, hace que el paso lento de las horas sea mucho más agradable. Aunque parezca absurdo, probablemente los paisajes más encantadores de Chile los hemos podido admirar aquí mismo. De hecho, nuestro barco continúa rumbo hacia el sur, entrando a través de maravillosos fiordos, en territorios carentes de cualquier presencia humana. Muchos delfines juegan a nuestro alrededor. Puestas de sol con forma de postal, amaneceres y cielos estrellados. En definitiva, una experiencia inolvidable. Por supuesto el viaje durará mucho más de lo esperado, unas 36 horas serán necesarias para llegar a destino, pero valdrá absolutamente la pena.

Bajados de la nave, todavía el viaje no ha terminado. Entre mil aventuras, desventuras y diversos problemas cruzamos Puerto Aysen, Coyaique y finalmente logramos llegar a Puerto Río Tranquilo, a orillas del Lago Carrera. Todo el mundo nos había aconsejado no ir tan lejos hasta esta zona remota. En realidad, el viaje es realmente desafiante. Las carreteras están en mal estado y polvorientas, el medio ambiente parece inhospital, los medios de transporte son muy pocos e inadecuados. Sin embargo, todavía hay una rara perla escondida aquí. La Capilla de Mármol es la más famosa del conjunto de cuevas de mármol inmersas en las aguas turquesas del lago. Cuando los rayos del sol golpean la superficie del agua crean un increíble juego de luces y reflejos que quitan el aliento.
Salir de la ciudad será aún más difícil. Amontonados en la parte trasera de una minivan, en condiciones casi inhumanas durante 4 horas, llegaremos a Chile Chico desde donde cruzaremos la frontera.


Los Antiguos nos da la bienvenida de vuelta a Argentina. La localidad es un conjunto de granjas donde se cultivan todo tipo de frutas. La gente es muy amable. Los argentinos en este sentido realmente tienen una marcha extra.
Por suerte volvemos a disfrutar de los cómodos y eficientes autobuses argentinos, mientras que Patagonia se revela a nuestros ojos a través del cristal de nuestras ventanas. Nos dirigimos a El Calafate para que Myriam también pueda conocer a la impresionante maravilla del Perito Moreno. Cuando nuestro autobús para en El Chaltén, Christian y yo estamos asombrados de ver cuánto ha cambiado. Hasta hace unos años (América Latina 2005-2006 junto con Christian y Simone) prácticamente no había nada. Unas cuantas casas, un par de tiendas, ningún hotel. El transporte público dejaba a los pasajeros a un lado de una carretera vacía y polvorienta. Ahora, en cambio, hay una enorme terminal, carreteras pavimentadas y muchas más viviendas. A medida que nuestro autobús sale, el amanecer ilumina el pueblo y enciende las montañas que nos rodean. En ese momento nos damos cuenta del gran error cometido. Deberíamos habernos detenido.
El Calafate, por otro lado, parece haber permanecido igual que siempre. La ciudad es muy turística, tal vez demasiado. Por otro lado, sin embargo, esta es la mejor base para visitar el Perito Moreno, el famoso e imponente glaciar que, en mi opinión, es parte de esas cosas que hay que admirar al menos una vez en la vida.




Entramos de nuevo a Chile parando en Puerto Natales. Las temperaturas empiezan a bajar y un viento frío nos pone a dura prueba, pero esto también es parte del encanto salvaje de la Patagonia.
En el bed & breakfast donde nos alojamos conocemos a una pareja de japoneses muy agradable. La comunicación no es nada fácil, pero con un poco de inglés, varios gestos y muchísimas sonrisas podemos entendernos. ¡Llevan 2 años de luna de miel! Cruzaron toda China, India, Pakistán, Irán, etc… Ambos estaban hartos de un trabajo estresante en Tokio que ocupaba plenamente sus vidas, por lo que tomaron la decisión de dejar todo atrás. Pero ahora que querían volver a casa, desafortunadamente no pueden. Viven en una zona muy contaminada por el desastre nuclear de 2011, por lo que seguirán viajando durante un tiempo hasta que la situación mejore.
Durante la noche nos despertamos de sobresalto debido a un sonido metálico muy fuerte. Un golpe seco que nos hace saltar. Miro por la ventana y veo un coche que ha centrado otros autos estacionados y está huyendo. Desafortunadamente, uno de los coches afectados pertenece a unos huéspedes de nuestra estructura, así que Christian y yo bajamos para ayudar a mover el vehículo que debido a los ingentes daños ni siquiera arranca. Nos explican que, por aquí, desafortunadamente, como no hay muchas actividades de ocio para los jóvenes, el problema del abuso del alcohol es generalizado. Por esta razón, los accidentes de tráfico por la noche son muy comunes.
Más allá de la noche llena de eventos, estamos listos para conquistar la cumbre de Torres del Paine, el parque nacional considerado, con razón, entre los más fascinantes de toda América Latina. El paisaje que nos rodea es espectacular. La subida se vuelve cada vez más exigente. Tomará alrededor de 3 h y 30 minutos para llegar a la cima, pero los últimos 45 minutos serán realmente agotadores. Una pendiente vertiginosa y una capa de grava en la que los pies se hunden e incluso retroceden. Nuestras fatigas, sin embargo, serán recompensadas en gran medida por la maravillosa vista que nos espera a la meta.

Seguimos viajando hacia el sur, más al sur. Pasando por Punta Arenas, cruzamos la frontera una vez más. Surcamos el estrecho de Magallanes y avanzamos a la ciudad más meridional del mundo, la famosa Ushuaia. Nada parece haber cambiado. Probablemente la seducción que Ushuaia ejerce en el imaginario colectivo se debe principalmente a su ubicación geográfica, pero en realidad hay mucho más. La corona de montañas cubiertas de nieve que casi parece abrazar la ciudad crea un paisaje extremadamente sugerente que no se olvida.
La estancia será caracterizada por los encuentros hechos con personas realmente especiales que enriquecerán nuestro viaje y nuestras vidas. Unos días antes, en un autobús en Chile, habíamos conocido a Paolo y Lavinia, una pareja muy agradable de Roma. Un dentista y una psiquiatra, ambos cautivados por nuestros 6 meses de vagabundeo. Nos conectamos de inmediato, y el azar quiso que nos volviéramos a encontrar durante el cruce del Estrecho de Magallanes. Luego está Andrea, un chico totalmente loco, que vive en Nervesa della Battaglia. Un viajero temerario capaz de mantener a todos en vilo relatando sus desventuras. Y finalmente José, un talentoso músico ítalo-argentino que se alojaba en nuestro mismo hostal y que produce hang drum, maravillosos instrumentos de percusión de metal que siempre he admirado y deseado.
Viviremos una de las noches más divertidas de toda nuestra larga aventura haciendo fiesta con Paolo, Lavinia y Andrea. Una noche inolvidable.

Hacemos los cálculos y nos damos cuenta de que volver en autobús a Buenos Aires nos costaría tanto cuanto comprar un boleto de avión. Así que decidimos ahorrar tiempo y esfuerzo volando directamente sobre la capital argentina. En avión también encontramos a Andrea con quien compartimos el viaje hacia el centro.
Esperándonos en Buenos Aires está Ariel, un querido amigo al que le tenemos mucho cariño y que habíamos conocido Christian y yo durante nuestro primer viaje de mochileros (América Latina 2005-2006 junto con Christian y Simone). Ariel vive en periferia, por lo que para disfrutar plenamente del fervor de la capital y aprovechar al máximo los días disponibles decidimos quedarnos todos juntos en un hotel en el centro. Pasamos cinco días caminando por la capital, una metrópolis de la que estoy locamente enamorado y que tiene tanto que ofrecer que nunca permite aburrirse. Para recordar sin duda el concierto gratuito de música clásica al que asistimos en el encantador Teatro Colón y el extraordinario espectáculo de Fuerza Bruta. Esta última es una obra teatral totalmente innovadora que involucra completamente al espectador en primera persona mezclando música, danza e interpretación a niveles nunca antes vistos. Una nueva forma de concebir la relación entre actor y espectador. Tambores, acróbatas, obras de luz, bailarinas flotando en el agua de una piscina que desciende del techo por encima de nuestras cabezas. ¡Salimos entusiastas!

Saludado Ariel es hora de ir a ver a otro gran amigo que no vemos desde hace 8 años. El primer encuentro con Nicolas también se remonta a nuestro viaje del 2006, (América Latina 2005-2006 junto con Christian y Simone), pero a diferencia de Ariel, no habíamos tenido la oportunidad de volver a vernos. Por fin ha llegado el momento de remediar. Nicolás vive en La Cesira, un pequeño pueblo situado en la Pampa Húmeda, 400 km al sur de Córdoba. El viaje es largo y las dificultades aumentan debido a una tormenta que inevitablemente retrasa nuestro autobús. La emoción de abrazar de nuevo a Nicolas es mucha. Esperándonos está toda su familia que nos preparó un asado fantástico. El afecto de todos por nosotros es tan grande que nos sentimos como en casa otra vez. Seremos desvergonzadamente mimados durante dos días antes de lograr encontrar la fuerza para partir de nuevo en medio de lágrimas, abrazos y la promesa de volver pronto.



Cruzamos docenas y docenas de pequeñas aldeas rurales. Como dice Lourdes, la madre de Nicolás, aquí el autobús «hace más paradas que el lechero». Visitamos Córdoba, un agradable pueblo universitario lleno de vida y con una brillante movida nocturna.

Etapa siguiente Capilla del Monte, una localidad de montaña con un ambiente hippie que conquista desde el primer momento y que se convertirá en uno de nuestros destinos favoritos. Capilla, sin embargo, es un pueblo particularmente controvertido. Ningún otro lugar cuenta con un número tan grande de avistamientos de ovnis. De hecho, se cree que sea la puerta de entrada a otro mundo y que debajo del Cerro Uritorco, la montaña que le hace de escenografía, haya una ciudad subterránea llamada Erk.
Otros creen que el Uritorco sea una puerta de entrada a otra dimensión y otros más creen que sea un centro de energía. En definitiva, como habrán entendido hay teorías diferentes y variadas, algunas se basan sobre leyendas, otras en bases pseudocientíficas, otras todavía parecen simplemente los delirios de un loco.
Independientemente de lo que cada uno pueda pensar de este particular mundo, que admito que está muy lejos del mío, hay un hecho que es indiscutible: la ciudad es encantadora en su sencillez y en los alrededores se puede caminar a través de paisajes espectaculares. Además, hay una atmósfera de paz total y armonía con el cosmos que podría justificar la influencia y el encanto que Capilla ejercita sobre las personas.
Sin embargo, a pesar de mi escepticismo sobre el tema, yo también soy espectador de algo a lo que no puedo dar una explicación racional. La última noche subimos a la terraza de nuestro hotel a charlar y tomar una copa de vino cuando de repente, en una fracción de tiempo que no habrá sido más de 2 segundos, el cielo por encima de la montaña se abre y una gran llama cilíndrica baja en una trayectoria perfectamente perpendicular a la tierra. Nunca había visto algo así antes. La primera reacción es de miedo total. Después de eso, siendo una persona racional, empiezo a evaluar qué tipo de fenómeno ambiental podría haber sido. Pienso incluso a operaciones militares o espaciales, pero ninguna teoría parece ser plausible. En pasado ya había visto satélites y estrellas fugaces, pero esto fue algo completamente diferente. No ha sido un rastro de luz, sino una especie de lanzallamas gigante. El movimiento no fue elíptico u horizontal, sino perfectamente perpendicular desde el cielo hacia la tierra. La única consideración vagamente racional a la que llego es que podría haber algún fenómeno electromagnético debido al hecho de que el Uritorco es una formación granítica muy rica en cuarzo, pero honestamente la tesis parece un poco débil.
La mañana siguiente perplejo y casi avergonzado voy a hablar con Alicia, la dueña del hotel, con la esperanza que ella pueda darme una explicación plausible de lo sucedido.
Antes que empiece a contarle el evento, ella misma me describe perfectamente lo que había visto, y esto para mí resulta ser un verdadero alivio porque implicaba que no me había vuelto loco y que lo que había visto había sido real. Luego, como si fuera algo perfectamente normal, me dice que son las naves alienígenas que entraban en la ciudad de Erk. Al ver la expresión desconcertada de mi cara, saca la computadora y me muestra toda una serie de fotos de OVNI tomadas tanto de día como de noche desde la terraza. Personalmente no soy un experto en Photoshop, pero tengo que admitir que las fotos parecían auténticas. Después me cuenta de gnomos, duendes, personas que levitan, que se enciendan de luz, que hablan con extraterrestres y muchas otras cosas que, con toda honestidad, incluso si me esfuerzo, realmente me cuesta creer. Le explico a la señora que para mí es muy difícil creer en todo esto y que no he venido a Capilla con la intención de ver naves alienígenas o fenómenos paranormales. Ella se ríe y me dice que siempre sucede así, los escépticos se sorprenden, mientras que aquellos que creen firmemente y vienen aquí específicamente con el intento de detectar algo vuelven a casa decepcionados.
Por último me cuenta la historia de su vida y la razón que la llevó a mudarse a Capilla del Monte. La historia es bastante inquietante y fascinante, pero por ser parte de la esfera privada de otra persona no voy a divulgarla sin su consentimiento. Sólo necesitan saber que sentí un escalofrío en mi espalda.
Por supuesto, creer que la Tierra sea el único planeta con seres vivos evolucionados en un universo infinito, es probablemente pura soberbia y científicamente absurdo. Por lo tanto, creo en la existencia de otras formas de vida, pero es todo el contorno lo que me desconcierta. No sé qué vi esa noche, la única certeza es que no era algo normal.




Viajamos toda la noche hasta Concordia, cruzamos la frontera y entramos en Salto. ¡Por fin mi Uruguay! Antes de continuar nos permitimos un día de pura relajación en las famosas Termas de Dayman que caracterizan la zona. Mas tarde tomaremos otro bus nocturno hacia la capital. Mientras esperamos que llegue nuestro vehículo, voy a buscar suministros de agua en un pequeño supermercado adyacente a la terminal. No hay alma viva alrededor. Cuando me acerco a la caja un anciano caballero en el mostrador comienza a hablar conmigo como si me conociera desde siempre y, sin darme tiempo para rebatir, me habla de eventos extraños y fenómenos sobrenaturales. Luego hace una pausa por un momento, cambia su tono de voz y comienza a hablar de mi vida, de mí y de cómo el viaje que estoy haciendo me está cambiando. Tengo escalofríos en la espalda. Me dice cosas completamente personales que no podía saber. Me parece de estar adentro de una película o víctima de alguna broma. Pierdo la noción del tiempo, así que después de 20 minutos de ausencia Myriam viene a buscarme y me encuentra todavía allí, parado e atontado escuchando al anciano caballero.

En Montevideo después de mucho tiempo finalmente puedo abrazar a mi abuela, tíos y primos. Pero no sólo eso, mis padres también están aquí de vacaciones. Ver a todo el mundo es como siempre una gran emoción, extrañe realmente todos.
Pasamos la primera semana en familia, entre asados, fiestas y paseos por las calles de la capital donde mis padres crecieron. Siempre me ha gustado pasear por Montevideo con ellos escuchando anécdotas de cuando vivían aquí. La segunda semana, aprovechando sus vacaciones, Matteo, Ilena y Angela, tres de los voluntarios que conocimos en Jardín de los Niños, se unen a nosotros. Desafortunadamente Martina ya ha regresado a Italia y nos faltará mucho. Emocionados de habernos rencontrado decidimos ser sus cicerones a través de algunas de las bellezas de este país. Empezamos con las playas y la vida nocturna de la exclusiva Punta del Este y luego continuamos a lo largo de la costa más salvaje hasta las dunas de Cabo Polonio, un pueblo hippy de rara belleza que conquista a primera vista. A continuación, el fervor de Montevideo entre los eventos culturales y su exquisita tradición culinaria. Y finalmente las calles sugestivas y plácidas de la fascinante Colonia del Sacramento donde celebraremos para concluir nuestro reencuentro prometiendo reunirnos en Italia.



Después de este paréntesis «familiar», ha llegado el momento de continuar nuestro viaje. Los habituales saludos desgarradores acompañan nuestra partida. Ya han pasado 3 meses desde el comienzo de nuestra aventura y aunque se ha sentido un poco de cansancio, nuestra estancia en Uruguay se ha demostrado particularmente reparadora. Por lo tanto, estamos listos para explorar una parte del continente latinoamericano para nosotros completamente desconocida.


Un vuelo terrible, debido a las turbulencias relacionadas con el mal tiempo, nos abre la puerta a Centroamérica. Estamos en Panamá. La población local parece cautelosa al principio, pero tan pronto como entienden que no tienen nada que temer se demuestran extremadamente amables y serviciales. Los rasgos somáticos de los panameños son muy particulares. Hay un número igual de negros y de mulatos que parecen haberse mezclado con los orientales conservando los característicos ojos almendrados. La homónima capital parece ser el emblema del continente latinoamericano. Dos ciudades viven en una. Por un lado, los lujosos rascacielos, la limpieza y la atención al detalle. Por otro lado, barrios abandonados al descuido del tiempo entre degradación, suciedad y edificios en ruinas. A pesar de esto preferimos concentrar nuestra atención en el casco viejo, la zona más antigua y pintoresca de la ciudad. Inmediatamente apreciamos la cocina tradicional panameña que está claramente afectada por las influencias caribeñas.
El impacto con Panamá no es muy fácil, un poco por el calor, un poco porque tenemos que acostumbrarnos a los problemas relacionados con la falta de seguridad. Desafortunadamente, asesinatos, secuestros y robos están a la orden del día aquí. El aspecto más escalofriante es el de las desapariciones de jóvenes, a menudo turistas y a menudo mujeres, vinculadas al tráfico de órganos dirigidos principalmente hacia Estados Unidos. Justo pocos días antes de que llegáramos, dos chicas holandesas de 22 años desaparecieron. No queremos por ninguna razón cambiar nuestro enfoque abierto y confiado hacia los demás, pero esta situación nos obliga a planificar bien nuestros desplazamientos y nuestro itinerario para reducir lo más posible los riesgos.

Decidimos, aunque no queramos, no ir a San Blas principalmente debido a los costos excesivos y no aptos para mochileros como nosotros. De todas formas, nos dirigimos hacia el Mar del Caribe. Después de una breve parada en Sabanitas, donde por poco no somos reclutados como trabajadores a bordo de un velero con destino a San Blas, pasamos por Portobello y Guayra, y finalmente llegamos a Isla Grande. La isla es pequeña, la vegetación exuberante, el agua paradisiaca, la fauna impresionante, entre mantas saltarinas, varios peces y aves de colores. Un sueño, si no fuera por la basura arrojada por todas partes. Verdaderos basureros en cada esquina y tampoco tan ocultos. Los isleños se demuestran extremadamente groseros, ignorantes y desafortunadamente a menudo borrachos. El encuentro con esta población predominantemente negra del Caribe resulta ser una verdadera decepción. Así que después de sólo dos días nos escapamos mudándonos a El Valle, un agradable complejo de montaña entre cascadas, aguas termales y piscinas naturales. Probablemente somos los únicos visitantes extranjeros, no hay rastro de mochileros como nosotros. Después de la mala experiencia humana que tuvimos en Isla Grande, afortunadamente recuperamos la confianza en el próximo gracias a Javier y a su esposa, los cuales se mantienen produciendo y vendiendo pulseras y collares, ofreciendo alojamiento a los pocos visitantes y gestionando una especie de restaurante vegano dentro de su casa. Dos personas hermosas.



Además de ellos también conocemos a una familia de Novara que, cansada de trabajar incesantemente, decidió dejar todo y abrir aquí una pizzería italiana. Sólo abren 3 días cada semana, suficientes para vivir dignamente y disfrutar de la vida.


¡Dejamos las montañas y volvemos a la playa! Las Lajas se encuentra a orillas del Océano Pacífico, en una zona remota y bastante salvaje. Aquí, también, nos encontramos con emigrantes italianos. Elisa es de hecho la dueña del hostal ecológico donde nos alojamos. Afortunadamente tenemos una cocina, ya que no hay lugares para comprar comida que no sea una pequeña tienda de comestibles con estantes casi completamente vacío. Los panameños, por aquí, parecen no apreciar particularmente la fruta que se utiliza principalmente para alimentar animales o queda olvidada en árboles o incluso, dejada a pudrir en el suelo entre los insectos. Así que, debido a la falta de comida a nuestra disposición, Christian y yo, como verdaderos acróbatas, nos subimos uno encima del otro y recogemos una cantidad de cocos y mangos. Estos último tan ricos que incluso hoy los recordamos como los mejores jamás comidos en nuestras vidas.



Pasamos 3 días en estrecho contacto con una naturaleza primordial, lejos de lo superfluo. Nos hacen compañía, además de los fantásticos padres de Elisa que en estos días están aquí de visita, murciélagos colgados boca abajo en el techo de nuestra cabaña, insectos de todo tipo y sobre todo la tanto maravillosa como terrorífica Camilla. Una tarántula peluda del tamaño de una mano que vaga por el hostal sin ser molestada y que una mañana encontré dentro del lavabo del baño.

Abandonamos las olas del océano y volvemos al norte hacia el Mar Caribe. Pasando por David, Chiriquí Grande y Almirante nos embarcamos con dirección a las islas de Bocas del Toro. La primera lancha rápida nos lleva a IPsla Colón, precisamente en la ciudad de Bocas Town, un poco caótica y excesivamente festiva para mi gusto. Una segunda lanza nos lleva a Isla Bastimento que a primera vista parece un verdadero paraíso. Sin embargo, como ya había pasado, nos damos cuenta inmediatamente de que el problema de la basura en las localidades caribeñas sigue siendo un flagelo grave. Las playas y un mar de ensueño están arruinados por montones de basura esparcidos por todas partes. Un espectáculo que lastima al alma. Aquí, también, la población local es casi completamente negra y se revela grosera, racista hacia nosotros y una vez más dedicada al abuso del alcohol.
A pesar de todo, no nos desanimamos y disfrutamos de la arena fina, del agua turquesa, de las rocas volcánicas y de las palmeras de la hermosa y solitaria Playa Wizard. No hay alma viva, tenemos toda la playa para nosotros. Sin embargo, nos advirtieron de tener cuidado por el camino. De hecho, el camino de acceso es tristemente conocido por el número de ataques y robos contra turistas. Nos confirman estas nefastas noticias dos policías que patrullan la playa y que nos aconsejan encarecidamente por nuestra seguridad que nos vayamos antes de las 17:00.

Desafortunadamente tengo que admitir que Panamá me decepcionó un poco. Hay lugares increíbles, pero los principales problemas relativos al abandono de la basura y a la inseguridad inevitablemente arruinan el entorno.

De vuelta en tierra firme nos dirigimos a la frontera con Costa Rica. En el camino conocemos a un chico americano con el que nos conectamos inmediatamente. Ryan Lewis nos habla de sus desventuras tragicómicas aquí en Panamá y nos hace escuchar su música, ya que en patria es cantante y fundó su propio estudio de producción. ¡Estamos asombrados de lo bueno que es! Tiene una voz espectacular y las canciones y temas que trata son realmente interesantes. Hoy Ryan ha hecho carrera y se ha vuelto bastante famoso. Sin duda todos conocen algunas de sus famosas canciones producidas en colaboración con Macklemore.

Una vez en Guabito la frontera se cruza a pie con una facilidad desarmadora, caminando sobre unas vigas podridas y agujereadas que componen un pintoresco puente entre los dos países. No hay ningún tipo de control a parte de los habituales sellos de tránsito en el pasaporte.


Estamos en Sixaola. Estamos en Costa Rica y se entiende inmediatamente que algo ha cambiado. Está claro que hay menos presencia humana y, sobre todo, una limpieza notable a la que ya no estábamos acostumbrados. El paisaje, parece imposible, pero se ve aún más exuberante y salvaje que el panameño. Una sola carretera y a nuestro alrededor bosques y cultivos de plátanos que se extienden por kilómetros y kilómetros. Casi todo pertenece a la conocida marca Chiquita, y aquí también no faltan los problemas. Independientemente del bienestar de la población, la conocida marca lanza herbicidas directamente desde pequeños aviones. Este método es más conveniente y más rápido, pero provoca problemas de salud muy graves para los habitantes de la zona.

Nuestro autobús nos lleva a Puerto Viejo, un pintoresco y alegre pueblo donde no tenemos intención de parar. El tiempo suficiente para hacer algunas compras y el destino, como siempre, juega su carta, haciéndonos encontrar entre los pasillos del supermercado a Giulia y Alex, una pareja de italianos que administran cabañas en un pueblo cercano. Giulia en particular nos gusta tanto que ni siquiera necesitamos reflexionar. Prometemos ir con ellos en un par de días. La elección será muy buena. Giulia y Alex representarán una de las interacciones humanas más bellas y profundas de todo nuestro viaje.

Seguimos hasta Manzanillo, que desafortunadamente resultará menos agradable de lo que esperábamos. Aunque la playa sea muy agradable, la excesiva presencia de mosquitos y moscas que pican a todas horas rinden imposible relajarse. Por supuesto, una cosa que nunca olvidaremos de nuestra estancia serán los sonidos de los grandes monos aulladores que viven en el bosque detrás de nuestro alojamiento y de la cocina al aire libre donde preparamos nuestras comidas.
Sin embargo el destino nos ha llevado aquí por una razón. Nos hacemos amigos de nuestros vecinos de habitación, Franklin y Xinia que, a partir de este momento, se convertirán en nuestros padres adoptivos «ticos» (= costarricenses). No sé por cual motivo nos dan la bienvenida bajo su ala protectora, pero todo sucedió con tal naturalidad y espontaneidad que ninguno de nosotros hizo demasiadas preguntas. Siempre nos dijeron que parecíamos tres chicos buenos y que junto a nosotros traíamos un aura de positividad contagiosa. Franklin y Xinia están aquí de vacaciones, pero viven en Alajuela, y nos ofrecen recibirnos en su casa cuando lleguemos allí. Como si eso no fuera suficiente, deciden llevarnos en coche a Cahuita, donde Giulia y Alex nos están esperando. Además, ya que está de paso, también nos llevan a conocer Punta Uva, que en realidad resulta ser un lugar mucho más fascinante que Manzanillo.

Giulia estaba deseando nuestra llegada. Estamos en temporada baja, así que de huéspedes además de nosotros no hay ni siquiera la sombra. La impresión es que Giulia se sienta un poco sola y que realmente necesite compañía. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que tuvo la oportunidad de interactuar con sus compatriotas. Giulia llegó aquí hace 2 años y es originaria de un pequeño pueblo cerca de Pisa.



Alex, por otro lado, ha vivido aquí durante 20 años, compró un terreno gigantesco y un poco a la vez lo convirtió en una magnífica finca con la cual logra proveer a su sustento de forma casi totalmente autónoma. Cría y cultiva una increíble variedad de plantas, frutas y animales. Por supuesto Alex está muy orgulloso del trabajo realizado y nos acompaña con entusiasmo a través de la finca para descubrir esta extraordinaria naturaleza. Entre las frondas de los árboles luego brotan aquí y allá las cabezas de los simpáticos perezosos que parecen sonreír intrigados por nuestra presencia.

La reserva natural y las playas de Cahuita resultarán muy agradables, pero lo que llevaremos adentro para siempre, serán las noches pasadas todos juntos en el porche, compartiendo además de la comida, pensamientos, opiniones y reflexiones profundas como si fuéramos viejos amigos que se conocen desde hace mucho tiempo.



Partir es muy difícil, pero el camino nos llama. Cambiamos de autobús primero en Puerto Limón y luego de nuevo en San José para finalmente llegar a Manuel Antonio que ya es noche. Encontramos fácilmente alojamiento justo donde comienza el sendero que conduce al Parque Nacional Manuel Antonio, la verdadera razón por la que vinimos hasta aquí. El parque nacional es definitivamente un lugar imperdible. Perezosos, monos y diversas especies de aves viven en total libertad en su hábitat natural. Las playas son preciosas y los muchos mapaches que salen del bosque en la playa en busca de comida dan vida a escenas de hilaridad irresistible. De hecho, con el tiempo han aprendido a abrir las mochilas de los visitantes en busca de algo comestible que no dudan en robar indignamente. La diversión, sin embargo, no se para allí. Pasamos toda una tarde entera riéndonos hasta las lágrimas, observando decenas y decenas de personas que, en el intento de hacerse una foto en la orilla del mar, vienen totalmente abrumados por las violentas y estruendosas olas. Lo sé, somos malas personas, pero fue más fuerte que nosotros. Especialmente las mujeres aquí tienen la costumbre de prepararse bien antes de sacarse una foto. Controlan el maquillaje, se peinan y sobre todo estudian bien la posición del cuerpo, para después ser arrojadas al suelo y arrastradas durante unos metros por la fuerza del agua. Es imposible quedarse serios.



Pasando por Quepos nos acercamos a la capital San José hasta Alajuela donde Franklin y Xinia nos esperan. Habría mucho que decir sobre estas dos personas excepcionales que abrieron su hogar y sus corazones a tres perfectos extraños. Junto a ellos visitaremos los alrededores de la ciudad y el fascinante pico del, todavía activo, volcán Poás.
Nunca podre agradecerles lo suficiente por haber tenido la oportunidad de conocer a Costa Rica y a su gente desde adentro de manera tan auténtica. Y sobre todo por habernos dado el cariño de una verdadera familia que, para aquellos que como nosotros están lejos de casa, es el mayor regalo que se puede recibir.

Siguiente etapa la ciudad de La Fortuna, para poder admirar el Arenal, otro volcán activo que se puede visitar sólo desde lejos debido a su peligroso erupcionar de humo y lava a lo largo de las laderas. Una vista impresionante.
Notable también el cercano parque nacional entre cascadas y balnearios naturales. Nos sumergimos en sus aguas hirvientes en medio de la noche rodeados por una naturaleza altamente sugestiva. A hacer la noche inolvidable, será nuestro guía que mágicamente comenzará a agitar cócteles típicos de la zona. ¿Resultado? Una manada de borrachos cocinándose en agua caliente. Una noche muy divertida.

Nos dirigimos a Monteverde, localidad donde se dice sea posible practicar el mejor canopy del mundo. Las distancias que aparecen bastante cortas en el mapa, en realidad son obstaculizadas por la falta de carreteras y la imposibilidad de poder cruzar áreas boscosas y vías fluviales. Sin embargo, no podemos renunciar a esta oportunidad y nuestras expectativas no serán decepcionada en absoluto. El recorrido de cables suspendidos entre árbol y árbol de más de 4 km ya representa en sí mismo una experiencia emocionante y adrenalínica, pero a esto también se suman el «Tarzán» y el «Superman«. El primero es una especie de bungee jumping en el que hay que lanzarse al vacío colgados de un árbol bajo por un valle, mientras que el segundo no es más que una tirolesa de 1 km a las que se viene atados por la espalda y las piernas y que conecta dos picos.



Cruzamos Liberia y Playa Flamingo y luego nos detendremos en Playa Potrero donde conoceremos a Holly, una querida amiga de un colega de Myriam, la cual nos había recomendado ir a visitarla si pasábamos por la zona. Holly, originaria de Varese, está aqui desde hace 2 años, pero ha vivido en muchos países diferentes. Además de ella también está Lucía, su compañera de habitación originaria de Puglia.



Pronto descubrimos que aquí en Potrero hay tres pueblos de italianos, en el sentido de que por reglamento pueden vivir allí sólo y exclusivamente italianos. Me parece una cosa tan absurda.

No he podido comprender bien los varios italianos presentes en la zona. Hablando con ellos me di cuenta de que todos se quejan de Italia, de los italianos y de la vida que solían hacer. Levantarse todos los días para ir a trabajar, tener poco tiempo para sí mismo, etc… Todos temas más que comprensibles y aceptables. Pero cuando le preguntas de que se ocupan aquí en Costa Rica, contestan que por el momento no hacen nada.
Así que resumiendo odias a Italia, a los italianos y al sistema que te obliga a trabajar todos los días. Tu solución es mudarte al extranjero a un pueblo de italianos donde inevitablemente entras dentro de los mismos mecanismos que te molestaban, pero donde puedes quejarte todo el tiempo de tu país y, no se sabe por cuánto tiempo, no hacer nada de la mañana a la noche. Admito que estoy perplejo.
Potrero es una localidad modesta donde no hay mucho, pero su encanto es exactamente este. La ausencia de contaminación lumínica permite a la bóveda estrellada iluminar completamente el cielo. Las carreteras de arcilla y los prados cuando cae la noche están literalmente invadidos por cientos de luciérnagas como no veía desde tiempos inmemoriales. Las playas de Potrero además son fantásticas, Playa Penca en particular, pero también Playa Conchal. Pippo, uno de los perros adoptados por Holly, nunca nos dejará solos ni un minuto. Nos seguirá por todas partes, incluso en la playa. No hace falta decir que realmente hubiera querido llevarlo conmigo. El último día nos acompañó a la parada del autobús y una vez llegado el bus quería subirse con nosotros. No pude contener las lágrimas.

Cruzamos la frontera a Peñas Blancas, de nuevo sin ningún tipo de control aparte el pasaporte. Costa Rica ha demostrado ser un país verdaderamente fascinante gracias a su gente, y sobre todo por su increíble riqueza y variedad de flora y fauna.


El impacto con Nicaragua es fuerte, al menos en lo que respecta a Sapoá, su ciudad fronteriza. Parece que de repente hayamos llegado a Saigón, o en alguna metrópoli asiática. Caos total, vehículos por todos lados, bicicletas, hordas de gente gritando ofreciéndote todo tipo de mercancía. Afortunadamente, este delirio no dura mucho. Enseguida subimos en un autobús público idéntico al bus amarillo de los Simpson que nos llevará hasta Rivas. Desde la ventana de nuestro vehículo el país nicaragüense poco a poco comienza a revelarse a nuestros ojos. Las diferencias radicales con Costa Rica son bastante obvias. El paisaje se ve decididamente más desnudo, casi árido. Bosques, árboles y grandes arbustos aquí dejan espacio a un sinfín de campos y plantaciones bajas. Los habitantes tienen rasgos somáticos muy atractivos, parecen una mezcla entre indígenas y europeos. Contrariamente a lo que leí en los guías turísticos, no me siento en peligro en absoluto, todo lo contrario. No entiendo por qué, pero estoy impregnado por un sentimiento de paz y serenidad.



Desde Rivas nos embarcamos hacia Isla Ometepe. El viento fuerte y el mar extremadamente agitado dificultan nuestra navegación. Yo digo mar, pero en realidad no es un mar. El Lago Nicaragua (también llamado Lago Cocibolca) sin embargo es tan grande que no se puede ver dónde termina. Es el lago más grande de América Latina.  Afortunadamente llegamos ilesos a Moyogalpa, donde una vez más subimos a un autobús público hacia Playa Venecia. A estas alturas ya es tarde y la oscuridad cae envolviendo todo. Cuando el conductor nos hace seña de bajar, nos damos cuenta de que no hay absolutamente nada a nuestro alrededor. Sacamos nuestras mochilas y miramos los faros de nuestro vehículo alejarse y con ellos la única fuente de luz. Una oscuridad total cae sobre nosotros. Unos momentos, sin embargo, para acostumbrar la vista y quedamos sin palabras mirando arriba de nuestras cabezas. Un cielo estrellado tan hermoso que parece haber sido pintado por un artista. Fortalecidos empezamos a caminar por un sendero arenoso, hacia la que debería ser la dirección de la finca que estamos buscando. En realidad, es el único alojamiento disponible, o para ser más precisos, la única estructura presente. Unos metros y estamos rodeados por miles y miles de luciérnagas. No podemos creer a nuestros ojos, la escena se ve surrealista y maravillosa. Con la mirada y los corazones llenos de emoción llegamos finalmente a la Finca Hotel Venecia. El lugar es muy agradable, bien cuidado y extremadamente limpio. Los estándares parecen los europeos con la diferencia de que los precios son realmente muy bajos. El personal además es cortés y servicial. En resumen, hemos encontrado un lugar para relajarnos bien y dónde basarnos para explorar el resto de la isla.
Visitaremos la reserva natural y la Laguna del Charco Verde, pequeña pero bonita. Luego la modesta ciudad de Altagracia y la Finca Magdalena para admirar los petroglifos que datan 1500 a.c. realizados por los primeros habitantes de la isla. Interesante, pero todo descuidado y poco valorizado. Y por ultima Playa Santo Domingo donde es posible bañarse con un fondo de postal delineado por la belleza de uno de los dos volcanes de la isla. A pesar del ambiente agradable y relajante no hay mucho que estar tranquilos, ya que, parece absurdo, pero las aguas del Lago Nicaragua están habitadas por tiburones leuca, famosos por ser a menudo impredecibles y bastante agresivos.

De vuelta a Rivas, nos mudamos a Granada. Una verdadera joya multicolor con arquitectura colonial. Cuidado en los detalles y a medida de hombre, es sin duda uno de los destinos que no se puede perder en absoluto. Después de todos estos meses también logramos comer una pizza muy similar a la nuestras gracias a una pareja de italianos que, tras mudarse aquí, han abierto una pizzería. Nos entretenemos con ellos de buena gana para conocer los aspectos positivos y negativos de la vida en este país.
Fascinante después el volcán Catarina cuyo cráter está ahora lleno de agua. Bastante decepcionante en cambio el mercado de Masaya.



Siguiente destino León, una localidad ciertamente menos seductora que Granada, pero todavía muy agradable y en muchos sentidos más auténtica porque no turística.

Guasaule, ciudad fronteriza literalmente dividida en dos, es nuestro punto de entrada a uno de los países más peligrosos del mundo.


Los temores sobre lo que nos espera en Honduras son muchos, pero en nosotros es más fuerte el deseo de explorar y continuar nuestro viaje con una actitud positiva. Nos damos cuenta, por supuesto, de que tenemos que avanzar con cautela tomando todas las precauciones necesarias para no exponernos a riesgos innecesarios. Desafortunadamente, sin embargo, no es tan simple. Feroces organizaciones criminales llamadas Maras, tienen prácticamente el control total del país. Sus actividades se expanden desde el narcotráfico hasta la extorsión a comerciantes y empresas de transporte. Los asesinatos están a la orden del día, y en algunas ciudades las cifras diarias parecen ser verdaderos boletines de guerra. Sin embargo, detrás de este clima de violencia e inseguridad vive uno de los pueblos más amables y acogedores que he conocido.

Sentada a mi lado en el autobús está una chica local que parece estar intrigada e intimidada por mí al mismo tiempo. Nos mira cautelosa probablemente tratando de entender qué lenguaje hablamos entre nosotros. Después de un tiempo toma el coraje necesario y con muy poca voz me pregunta de dónde venimos y por qué estamos entrando a Honduras. Le explico sobre nuestro viaje, pero no logra entender. No entiende cual pueda ser la motivación de viajar solo por el gusto de viajar. Está claro que esto es algo que nunca ha hecho. Me cuenta que los extranjeros no vienen por aquí y me dice que tenga mucho cuidado porque el suyo es un país muy peligroso.

Nos gustaría evitar la capital Tegucigalpa, pero no es posible. Tenemos que cambiar de autobús junto ahí. Por suerte en las aduanas nos hicimos amigos de un caballero muy amable que se dirigía a nuestro propio destino. Además de esperarnos y ayudarnos a encontrar el autobús que necesitamos tomar, una vez llegados a Comayagua incluso llama a su hermana que nos recoge en coche y nos acompaña directamente al hotel porque teme por nuestra seguridad. No habíamos planeado parar en esta ciudad, pero desafortunadamente es tarde y viajar por Honduras por la noche equivale a un suicidio. Cenamos en un centro comercial a poca distancia de nuestro alojamiento. Aquí llegamos a conocer a una familia local que entre charlas termina invitándonos a pasar la noche en su casa. Nos negamos con gratitud, ya que sólo estamos de paso, pero nos sorprende la extrema bondad de estas personas que, a pesar de todo, resultan tan abiertas y generosas.

Al día siguiente retomado nuestro viaje, finalmente llegamos al Lago Yojoa. El paisaje es agradable, aunque no excepcional, pero nos esperan emociones dignas de un verdadero explorador. El fondo del lago es de hecho rico en hallazgos arqueológicos que se remontan a la civilización Lenca, sucesores de los Mayas alrededor del año 500 a.c. El gobierno ha logrado comprar la tierra que rodea el lago, pero desafortunadamente no tiene los recursos económicos para recuperar la gran cantidad de objetos antiguos que la corriente empuja a la orilla. Entre las piedras y la tierra encontramos docenas y docenas de puntas de flecha, piezas de cerámica decorada, puntas de cuchillos antiguos. Instintivamente nos gustaría adunarlos todos y llevarlos al museo de la ciudad. Sin embargo, nos informaron que todo sería inútil, ya que el museo luego revende en secreto los hallazgos que encuentra. Qué triste dejar todos estos preciosos testimonios del pasado a desintegrarse y pudrirse en el suelo.

Salimos del lago con la idea de pasar unos días relajándonos en Roatán, una isla paradisíaca. Aunque las distancias son bastante modestas, las malas condiciones de las carreteras y la falta de conexiones entre las distintas ciudades ralentizan enormemente nuestro avanzar. Además, el ejército ocupa las calles con continuos puestos de control. Como extranjeros, regularmente nos contralan los documentos en cada puesto.
El último lugar en el mundo al que nos gustaría ir ahora es San Pedro Sula, la ciudad con más homicidios del país. Desafortunadamente no tenemos otra opción, sea cual sea nuestro destino, tenemos que cambiar de autobús allí mismo.
Sentados junto al conductor de nuestra minivan, escuchamos en la radio la noticia de que en la misma carretera que estamos recorriendo, apenas dos horas antes hubo un asalto de las Maras contra una minivan como la nuestra. Por primera vez desde que nos fuimos, nos sentimos un poco nerviosos. No tenemos miedo, pero en este clima de incertidumbre no entendemos hasta dónde podemos llegar. Nos recomiendan encarecidamente no recorrer la carretera entre San Pedro Sula y La Ceiba debido a los continuos y numerosos ataques. Si queremos continuar hacia Roatán, sin embargo, no tenemos otra alternativa.

Hablamos del asunto durante mucho tiempo y conscientes de que ya hemos escapado el peligro hoy, a regañadientes decidimos saltar nuestra querida isla dirigiéndonos directamente a Copán. La ciudad es muy bonita y hay un montón de cosas interesantes que hacer. Todo es tan barato que podemos permitirnos la satisfacción de sacarnos algún capricho. Empezamos por una agradable cabalgata de 3h para visitar los pueblos Lenca. Luego nos sumergimos en el sitio arqueológico de Copán, que sin duda merecería una consideración más internacional dado el excelente estado de conservación de sus altas estelas de piedra grabadas por bajorrelieves. La naturaleza circundante es impetuosa y ofrece refugio a numerosos loros rojos que vagan sin ser molestados entre los prados y las frondas de árboles centenarios. Por último, visitamos el Parque de Aves, un centro para la recuperación y reinserción en la naturaleza de hasta 181 especies de diferentes aves. Los diversos ejemplares no están enjaulados, sino completamente libres o al máximo en estructuras gigantescas que simulan su hábitat. Se pasea al lado de diversos ejemplares, algunos de ellos se acercan y tratan de interactuar con nosotros, como el maravilloso tucán que curioso nos observa durante mucho tiempo y luego empieza por diversión a mordisquear nuestros zapatos. Recordaré esta increíble experiencia para siempre.



Otro cambio de vehículo en Santa Rosa para luego avanzar a La Esperanza. Como siempre estoy sentado en frente con el conductor y con Lisa, una chica francesa que viaja sola y que trabaja como traductora de cine. El tema de la conversación pronto se concentra sobre las Maras y sobre los temas relacionados con la inseguridad del país. Lisa me pide una opinión porque viajando sola tiene varios temores. Al principio el conductor no parece querer hablar del asunto. Después, con el paso del tiempo, probablemente se da cuenta de que puede confiar en nosotros y comienza a abrirse. Nos cuenta que todos los lunes aparece en su depósito un tipo grande, calvo y todo tatuado en la cara y pide el equivalente de 90 euros, una cifra muy alta para la economía de este país. Pero no tienen elección. A aquellos que no quieren o no pueden pagar son asaltados e incendiados los minivanes. Si eso no fuera suficiente y siguen no pagando, las consecuencias se vuelven mucho más graves. Cualquier tipo de actividad sufre este tipo de extorsión, en silencio, con resignación. Nadie es capaz o quiere ayudarlos, ya que la corrupción está tan arraigada que no hay ningún tipo de institución a la cual recurrir. Todo parece tan absurdo. Estoy tan enojado a la idea que no se pueda hacer nada para ayudar a esta gente. Las Maras de esta manera mantienen de rodillas la economía del país, oprimiendo a un pueblo extraordinario que se ve obligado a soportar y sufrir esta triste realidad cotidiana.

La Esperanza es un pueblo con un clima fresco, con una pequeña y bonita plaza, pero nada más. Aunque ni siquiera hay la sombra de turistas aquí, hay una oficina de turismo. La empleada es muy amable y ya que además de nosotros no hay nadie, con mucho gusto nos detenemos a charlar. Como no sabemos qué hacer, ella propone que nos unamos gratuitamente a un amigo suyo que tiene que llevar materiales de construcción a las comunidades de las montañas. ¿Qué tenemos que perder? Así que subimos a la camioneta de Geovani quedándonos en la parte trasera. A medida que el coche sigue subiendo la montaña, el paisaje aumenta en encanto y autenticidad. Nos detenemos continuamente para subir y bajar estudiantes y personas de tercera edad a los que Geovani voluntariamente ofrece un pasaje sin, por supuesto, querer nada a cambio. La extrema cortesía y disponibilidad de estas personas nos deja sin palabras. Todo lo que nos rodea parece genuino y sincero. Pasamos por diferentes pueblos, miramos a las mujeres que trabajan incansablemente el telar y compramos algo para contribuir un poco al bienestar de la comunidad. Geovani también nos acompaña a ver una hermosa cascada completamente escondida que, por supuesto, sólo conocen aquellos que viven por aquí.
Un aspecto que nos impresionó positivamente fue el número de estudiantes y de escuelas cruzadas en el camino. En un país donde la educación no es obligatoria y donde un número aterrador de niños se ven obligados a trabajar en lugar de estudiar, ver esa participación y dedicación al mundo de la educación en las montañas realmente nos ha sorprendido.

Nos mudamos a Gracias, incluso aquí nada excepcional, pero el entorno es agradable. También hay termas. El agua que brota de las profundidades es muy caliente y las piscinas naturales están rodeadas de árboles salvajes. En resumen, una parada relajante y reparadora.


Ahora se presenta ante nosotros una decisión difícil que hemos pospuesto a la espera que los acontecimientos nos dieran más indicaciones al respeto. Podemos dirigirnos hacia el norte y entrar a Guatemala, o podemos girar hacia el sur y cruzar la frontera de lo que se considera quizás el país más peligroso del mundo. En los últimos días hemos debatido muy largamente al respecto, tratando de evaluar con precisión aspectos positivos y negativos. Cada individuo que conocimos en nuestro camino nos advirtió y nos aconsejó encarecidamente no entrar a El Salvador. Honduras mismo ha sido un azar que nos ha obligado a tomar diversas precauciones. Los relatos sobre El Salvador asustan. Por otro lado, sin embargo, estamos aquí, y no sabemos si y cuándo tendremos de nuevo esta oportunidad. Somos conscientes de los riesgos, pero también nos damos cuenta de que si no entramos sólo porque tenemos miedo nos arrepentiremos por el resto de nuestras vidas. También habíamos decidido desde el primer día que nuestro viaje habría sido caracterizado por una actitud positiva y apertura hacia el prójimo. Por lo tanto, es nuestro deber ser fieles a nuestros ideales y nuestras convicciones. Sabemos en nuestro corazón cuál es la decisión correcta.
Por lo tanto, nos dirigimos al sur con algunas cláusulas que estamos de acuerdo en imponernos. No pasaremos más de una semana en El Salvador, y lo más importante, en los primeros signos de peligro extremo iremos marcha atrás saliendo del país.

Los puntos de acceso son muy pocos. Pasando por Nueva Ocotepeque llegamos a la aduana de El Poy. No hay ningún tipo de control, sólo una mirada rápida al pasaporte y a pesar de mí mismo, ni siquiera el sello que para mí representa un recuerdo nostálgico para coleccionar.
Así como ya había pasado cuando entramos en Honduras, inmediatamente nos damos cuenta de que a lo contrario de lo que se pueda pensar los locales son muy agradables, amables y serviciales. Incluso los policías fronterizos son amables y simples.

Llegamos rápidamente a La Palma, un mini pueblo conocido por sus murales diseminados en las paredes de las casas. Un rápido vistazo y nos damos cuenta de que no es nada especial, así que decidimos continuar hacia Suchitoto. El autobús, sin embargo, nos deja en una intersección donde no hay alma viva. No hay pueblos en el horizonte, sólo un camino polvoriento. El conductor nos dice que tenemos que esperar otro autobús que debería llegar en un momento. Los horarios en este continente, sin embargo, son más una indicación general que una certeza. Esperamos con confianza, pero empieza a hacerse tarde y si no encontramos una solución, pronto estará oscuro. Nos aconsejaron no quedarnos por la calle después de las 6 de la tarde. Nuestro vehículo no llega, así, aunque con un poco de inconsciencia, decidimos hacer dedo. Increíblemente cada coche o camión que pasa se detiene y todo el mundo trata de ayudarnos con extrema amabilidad. No pasa mucho tiempo antes de que dos amables caballeros nos suban en la parte trasera de su camioneta. Cuando llegamos a destino, ni siquiera querrán aceptar los pocos dólares que les ofrecemos como agradecimiento.
Suchitoto es un pequeño pueblo muy agradable con arquitectura colonial. Su plaza principal está repleta de puestos de artistas y talentosos artesanos. La cocina local es exquisita y los precios son realmente bajos. Estoy seguro de que saldremos del país con una fuerte dependencia de las pupusas, un exquisito plato típico salvadoreño que se vende como comida callejera por todas partes.
Entre las pintorescas calles empedradas, siguen emergiendo grupos de 4 soldados, muy jóvenes, demasiado jóvenes si queremos ser honestos. Caminan en formación en medio de la calle con sus ametralladoras allanadas y el dedo en el gatillo, como si esperaran ser atacados repentinamente desde todas las direcciones. A nuestros ojos todo parece surrealista, como si estuviéramos en una zona de guerra. Si bien el espectáculo no es exactamente tranquilizador, gracias a estas numerosas fuerzas militares, Suchitoto es considerada una de las ciudades más seguras del país.

La capital San Salvador, por otro lado, goza de una mala reputación. Así que, aunque habría algunos museos interesantes a no perder, decidimos cruzarla sin parar. El próximo destino, por desgracia, resultará bastante decepcionante. Contrariamente a lo que dice nuestra guía, Santa Ana se ve bastante fea. Los pocos hoteles presentes son muy básicos, y las calles están llenas de gente poco fiable. No hace falta decir que no nos sentimos seguros aquí en absoluto.

Salimos de El Salvador desde San Cristóbal Frontera un poco decepcionados, pero conscientes de que no hemos visitado varios lugares encantadores a lo largo de la costa. Sin embargo, nuestro sentido común ha ganado, impidiéndonos asumir riesgos excesivos. A pesar de todo estamos muy contentos de no haber renunciado a esta experiencia sobre todo porque nos permitió conocer a la extraordinaria gente salvadoreña, muy diferente de lo que esperábamos.


Lo peor parece haber pasado. Ciudad de Guatemala nos recibe con toda su vitalidad y con un espíritu moderno e innovador decididamente no común a las otras capitales centroamericanas. Aquí, también, todo el mundo nos ayuda.  Siempre nos acompañan cuando pedimos indicaciones e incluso no nos cobran en el metro de superficie ya que sólo tengo billetes grandes y no tengo monedas como se solicita.

Nos espera uno de los destinos más fascinantes de todo nuestro viaje. No es fácil describir la belleza extrema de Antigua. Una ciudad que parece evocar su antiguo esplendor entre los colores brillantes de las casas, numerosas y sugerentes iglesias, pintorescas calles empedradas y un cuidado por los detalles y por la limpieza que no es común. El aspecto que conquista totalmente es el ritmo de vida tranquilo y a escala humana, a pesar de una considerable presencia turística.
La población guatemalteca está compuesta por gran parte de indígenas que le dan al país una extraordinaria riqueza étnica y cultural. En particular, impresionan las mujeres, desde niñas hasta señoras mayores, todas siempre parecen impecables y perfectamente ordenadas en su ropa de colores tradicional. Los colores de las telas y los motivos bordados son muchos e indican el pueblo de origen.
Entre mercados, puestos y ruinas antiguas también conocemos a Oliver, un amigo de Christian, nacido aquí de padre americano y madre italiana, que será nuestro encantador guía durante nuestra estancia en la ciudad.

Familiarizamos enseguida con la loca manera de conducir de los guatemaltecos que nunca ahorran un adelantamiento, ni siquiera cerca de una curva ciega. Cambiamos 4 monovolúmenes en menos de 3 horas, pero todo con una velocidad extrema, en un continuo sube-baja-parte. Pasando por Chimaltenango, Los Encuentros y Sololá, llegamos a Panajachel, un lugar ubicado a orillas del increíble Lago de Atitlán.
En el hostal donde nos alojamos conocemos a Cecilia una chica argentina con ideas poco claras. El artista colombiano Ángel y el simpatiquísimo español Rubén. Pasaremos divertidas noches de fiesta con ellos compartiendo nuestras historias, pensamientos y creencias, brindando a la vida entre una copa y otra.



Panajachel es la base ideal para visitar las aldeas indígenas alrededor del lago, todas de fácil acceso con barcos frecuentes que conectan los diversos centros turísticos. Primera parada Santa Cruz, la menos visitada, probablemente porque de hecho no ofrece mucho, pero ciertamente aparece como la menos turística y por lo tanto la más auténtica. A continuación, llegamos a Jabalito a pie a través de un camino estrecho que ofrece impresionantes vistas del paisaje. El pueblo, sin embargo, es realmente decepcionante. Así que tomamos un barco hasta San Marco, un excelente destino para aquellos que aman el ambiente algo bohemio. Hay muchos hostales agradables y varias posibilidades para hacer masajes o tomar cursos de meditación. Incluso hay una persona que hace cursos de macramé, una disciplina por la que tengo cierto interés ya que durante este viaje empecé a aprender. Otro viaje en barco y estamos en San Juan, llenos de tentadores puestos y tiendas de artesanías indígenas para perder la cabeza.

Saludados a los pueblos del Lago de Atitlán, apenas 1 hora de autobús nos separa de lo que se considera unánimemente el mercado de artesanía indígena más hermoso de todo el país. ¡Estamos en Chichicastenango
La ciudad tiene un encanto particular que naturalmente ofrece lo mejor de sí mismo los domingos, cuando todas las calles del centro se convierten en un gigantesco, abarrotado, mercado al aire libre. Una explosión de colores en un tal caos que es difícil orientarse entre carpas, puestos, y una corriente continua de personas. Los escalones de las iglesias poseen algo solemne y antiguo, como si estuvieran allí para presenciar un pasado anclado y arraigado más que nunca al presente. Los interiores de las iglesias recuerdan aquellos indígenas de los pueblos mexicanos, estructuras espartanas de madera y cientos de velas en el suelo para eludir la oscuridad.



Entre los encuentros hechos y los episodios relevantes ciertamente no olvidaremos fácilmente a la familia propietaria de un pequeño restaurante no muy lejos de donde nos alojábamos. La primera noche después de habernos atrasado un poco, después de la cena nos han querido acompañar al hotel a toda costa porque temían que algo desagradable nos pudiera pasar caminando solos por la noche por las calles oscuras. Incluso hoy, este episodio me deja sin palabras. No puedo imaginarme a un dueño de restaurante en Italia que acompañe a los hoteles los clientes porque teme que puedan asaltarlos.


Cambio de autobús a Santa Cruz del Quiché y luego de nuevo a Uspantán para llegar a Cobán. La ciudad no ofrece mucho, pero es un buen punto de partida para excursiones en los alrededores.
La idea inicial era visitar el parque «Biotopo del Quetzal«, con la intención, por supuesto, de poder detectar algunos ejemplares de la hermosa ave nacional, precisamente el quetzal. En la oficina de información turística, nos convencen de que en el parque adyacente «El ranchito del quetzal» se ven muchos más ejemplares. Así que cambiamos nuestros planes, pero ni siquiera la sombra del quetzal. La decepción se disuelve rápidamente al día siguiente cuando, pasando por Lanquín, llegamos a Semuc Champey. El lugar es nada menos que maravilloso. Una serie de cascadas dispuestas en gradas, inmersas en el exuberante verde del bosque y caracterizadas por el color turquesa e intenso de sus aguas frescas. El escenario es muy parecido al de Plitviche en Croacia. Yuxtaponiendo las dos fotos las similitudes son realmente notables. En retrospectiva, lamentamos haber hecho esta excursión sólo en el día, Semuc Champey sin duda merecería una estancia más larga.

Nada que hacer, autobuses directos, simplemente no parecen existir aquí. Otra vez varios cambios, 5 entre autobús y barco, cruzando Sayaché y Flores para llegar a El Remate, un pequeño pueblo ubicado a orillas del Lago Petén Itzá. No muy lejos de aquí se encuentra el famoso sitio arqueológico de Tikal. Sin embargo, antes de visitarlo, seguimos los consejos tanto de Oliver como de Robert (estadounidense dueño del albergue en el que nos alojamos en el Lago Yojoa en Honduras) para ser entre los pocos exploradores de las ruinas mayas de Yaxhá. La elección resulta ser muy buena. Caminamos durante horas entre pirámides y antiguos edificios extraordinariamente conservados sin encontrar alma viva. De vez en cuando cruzamos algunos guardias del parque con los cuales conversamos con mucho gusto, incrédulos de que tal maravilla no sea conocida y asaltada por los turistas. Al igual que muchos otros sitios, Yaxhá también parece emerger de las profundidades de la selva, pero el paisaje es único debido a la laguna adyacente que ofrece vistas encantadoras, especialmente desde la cima de la pirámide 216. Decidimos subir justo al final del día, por el atardecer, con el fin de admirar la puesta de sol en todas sus facetas. Y aquí es donde finalmente encontramos a otros visitantes, los únicos además de nosotros durante todo el día. Conocemos así a Aaron, un chico estadounidense que vive en este país, donde abrió una agencia de turismo que organiza viajes a Guatemala, México y Belice, dando una huella algo espiritual a toda la experiencia. Él está aquí con otros 5 chicos a los que guía y nos dice que ha planeado todo el itinerario con el fin de encontrarse en la cima de la pirámide 216 justo en este preciso momento durante la última puesta de sol antes del solsticio de verano. Aaron parece una buena persona, y aunque no soy particularmente propenso a las creencias místicas y lo que sea, tengo que admitir que estoy fascinado por el hecho de que estoy en el lugar correcto en el momento adecuado. Dada la experiencia de Aaron, aprovechamos la oportunidad para hacerle algunas preguntas sobre Belice y hablando de seguridad él también nos dice algo que nos han dicho un sinnúmero de veces durante estos meses: «¡No tienen que preocuparse por la seguridad, se ve cómo viajan, se ve cómo son, no tienen nada que ver con los estadounidenses que solo hacen ruido! Emanan una energía positiva, muy hermosa, no les puede pasar nada«.

Al día siguiente es el turno de Tikal. A las 06.00 de la mañana ya estamos adentro, un poco para aprovechar las horas menos calientes dadas las altas temperaturas, y un poco para tratar de evitar la afluencia de turistas. Como temíamos, hay tantos visitantes. Afortunadamente, el sitio arqueológico es lo suficientemente grande como para favorecer la dispersión, pero los lugares más característicos de todas formas están asaltados.  A complicar la vida hay verdaderos enjambres de mosquitos extremadamente agresivos. Todo parece mal cuidado. No hay personal que controle y, de hecho, personas ignorantes suben por todos lados escalando las ruinas y dejan basura por todas partes. 
Si tuviera que hacer una comparación entre los dos sitios maya tengo que admitir que en general definitivamente preferí Yaxhá. Hay que decir, sin embargo, que la plaza central de Tikal es de una belleza indescriptible y sería una verdadera lástima perdérsela.



Nos dirigimos al este hacia la frontera en una minivan de locos, en buen sentido. Tan pronto como llegamos a bordo todo el mundo comienza a reír y bromear con nosotros como si fuéramos viejos amigos. Después de haber llegado a Melchor de Mencos, a regañadientes, nos dejamos detrás a Guatemala que, por el momento, se ha demostrado el país más fascinante de Centroamérica.


Cruzamos la frontera con Belice y entramos en Benque Viejo del Carmen. Las operaciones aduaneras son muy rápidas y, como de costumbre, ningún control. No sabemos muy bien qué esperar de Belice. Las informaciones que tenemos son pocas, pero hay mucha curiosidad. El primer trauma es tener que cambiar de idioma. El idioma oficial es el inglés, aunque la mayoría de los adultos y mayores hablan español correctamente. Para los jóvenes, sin embargo, el hecho es diferente en el sentido de que están profundamente orgullosos de ser una colonia inglesa. Casi toda la población es garífuna, esa etnia afrodescendiente que ya habíamos conocido en Panamá y que no nos había gustado particularmente. La impresión que tuvimos entonces, por desgracia, encuentra una nueva confirmación. Todos se ven groseros, alborotadores, borrachos y a menudo arrogantes. El tamaño del país es bastante pequeño, pero las conexiones dejan que desear. Así que pasando primero por Dandriga, y luego a Independence subimos a una lancha rápida que finalmente nos lleva a Placencia. El pueblo es muy pequeño, unos 800 m de largo por 200 m de ancho. Las casas están pintadas en colores brillantes, la arena es blanca y el agua comienza a tener el típico color caribeño. Estamos en temporada baja, todo se ve muy tranquilo, así que aprovechamos para descansar un par de días.

De nuevo en viaje nos mudamos a Hopkins, esaltado por Lonely Planet como una de las playas más bellas del país. La situación que encontramos a nuestra llegada es muy diferente. Debido a la erosión la playa prácticamente ha desaparecido y está llena de basura. Como ya hemos visto, aquí también los garífunas tiran los residuos por todas partes sin ninguna restricción. Por lo tanto, preferimos no parar y con el mismo método utilizado para llegar, nos vamos haciendo dedo hasta Dangriga. Aquí tomaremos un autobús con destino Belize City. La capital no tiene buena reputación, y de hecho los rumores al respecto son ciertos, pero no tenemos más remedio que cruzarla si queremos embarcarnos para Caye Caulker. Caminamos por la caótica y traficada ruta desde la estación de autobuses hasta el puerto. En el suelo, muchos borrachos y drogadictos piden limosna, pero la impresión no es la de estar en peligro, ya que casi no logran mantenerse de pie. Ciertamente no es un espectáculo que deja indiferente.
En 45 minutos de lancha estamos en la isla. “Welcome to Paradise guys!”, nos da la bienvenida un señor cuando llegamos. Es difícil no estar de acuerdo con él. El color del agua es impresionante. Claro y transparente donde el fondo es más bajo y una turquesa brillante donde es más profundo. Encontramos fácilmente una hermosa cabaña, espaciosa, con cocina y todo a un precio irrisorio. El único defecto de esta pequeña isla es que no hay playas reales, sino muelles que se arrastran hacia el mar. Hay un muelle donde por la noche todos se encuentran a tomar cerveza admirando la puesta de sol, otro para bucear, y sobre todo, uno dónde no hay alma viva, en cuanto una parte está colapsada, que se convertirá en nuestro lugar favorito para tomar el sol y nadar entre los peces caribeños en el agua plácida y hechizante.



Decidimos hacer una excursión de snorkel de cuatro horas para poder observar el arrecife de cerca, sumergiéndonos en lo que ha sido una reserva acuática protegida durante más de 30 años. Entre las muchas agencias elegimos la única que refleja nuestra forma de viajar, demostrando un enfoque más correcto y eco-sostenible sobre la naturaleza. Se recomiendan de hecho, no tocar animales o corales en absoluto y se niegan categóricamente a alimentar a los tiburones para atraerlos. Cosas que deberían ser bastante obvias, pero desafortunadamente no lo son, ya que todas las demás empresas utilizan estos métodos. Nos espera una de las experiencias más increíbles e inolvidables de nuestras vidas. Un pequeño barco nos lleva a alta mar hasta un punto en el que el agua casi parece entrar en una bahía invisible. Nos lanzamos al mar armados sólo con aletas, gafas y snorkel. La corriente es bastante fuerte, pero el esfuerzo pronto será recompensado. ¡Miro hacia abajo y en mis ojos aparece como por magia un nuevo mundo! Nunca había visto algo así en mi vida. ¡Parece ser parte de un documental! Plantas marinas y corales gigantes crean una explosión de colores llamativos impresionantes. ¡Algunos corales parecen enormes cerebros! A nuestro alrededor miles de peces tropicales, desde los más pequeños hasta las enormes barracudas. Y todavía gigantescas mantas negras cubiertas de puntos blancos que agitan las «alas» y parecen volar en el agua. De repente, el guía me agarra por el brazo y me hace seña que mire a mi derecha, ¡por poco no me viene encima una tortuga marina grande casi cuanto yo! Después es el turno de los tiburones, tan majestuosos en sus movimientos da ser bastante intimidantes, aunque parecen completamente ajenos a nuestra presencia.
Ya que no estoy acostumbrado a respirar por boca durante tanto tiempo, desafortunadamente después de una hora de inmersión me veo obligado a regresar al barco porque siento que me falta el aire. Sin embargo, en lugar de mejorar, probablemente debido al constante balanceo del barco, mi malestar aumenta, lo que me obliga a no volver más al agua. Este será uno de mis mayores remordimientos. Myriam y Christian de hecho ven tres ejemplares de manatíes, firmes y erectos uno frente al otro, casi estuvieran hablando entre sí en el fondo del mar. Lamentablemente no dura lo suficiente como para que salte al agua. Un idiota de otro barco de hecho, se acerca demasiado, poniendo obviamente a estos maravillosos animales en fuga.

Durante nuestro tour conocimos a un simpático chico alemán que vivió un año en Venecia y a una pareja californiana muy agradable en su luna de miel, Audrey Tucker y Brandon Reynolds. De vuelta a tierra decidimos ir primero a tomar una copa en el muelle admirando así la puesta de sol sobre el mar, y luego continuar cenando todos juntos. Como siempre una buena oportunidad para conocer gente nueva y comparar diferentes culturas.



Pasadas 4 noches en este paraíso, lamentablemente, llega la hora de agarrar nuestras mochilas y seguir con nuestra aventura. Regresamos a Belize City desde donde tomaremos un autobús que nos llevará directamente al otro lado de la frontera.

Belice es un país que me ha dejado un poco perplejo y dividido. Por un lado, zonas turísticas como Placencia y Caye Caulker son por decir lo menos fabulosas. Por otro lado, basta con adentrarse en el interior del país o simplemente en las zonas más residenciales para encontrar contrastantes situaciones de degradación.


Pasados los controles aduaneros mexicanos, esta vez demasiado escrupuloso, el autobús nos deja en Chetumal. Casi 9 años después de mi experiencia anterior de mochilero en estas áreas (América Latina 2005-2006 junto con Christian y Simone), ¡finalmente estoy de vuelta en México!
Chetumal tiene muy poco interesante que ofrecer y ya ha llegado la noche. Muchos nos han hablado bien sobre la Laguna Bacalar, pero, aunque esté a sólo 50 km de distancia sólo hay un autobús al día que sale tarde en la mañana. Esto nos ralentizaría demasiado, y el deseo de seguir es mucho. Los hoteles de los alrededores son caros y bastante mediocres. Decidimos así de pasar la noche dentro de la terminal y tomar el primer autobús para Tulum a las 04:45 de la mañana.

La terminal de Tulum se encuentra en el centro de la ciudad, lejos de sus playas de ensueño. Así que antes de llegar a la costa, aprovechamos y nos paramos a un supermarcado para comprar comida para los próximos días y, en particular, ¡para llenar todo el maletero de nuestro taxi con botellas de Corona! La costa es muy larga, pero ya sabemos a dónde ir. Muy cerca de la entrada del sitio arqueológico hay cabañas en la playa, un poco espartanas, pero muy fascinantes ya que ofrecen la posibilidad de alojar prácticamente en la playa, durmiéndose con el dulce sonido de las olas del mar. El complejo hotelero se ha ampliado en comparación con la última vez, pero los cambios reales nos esperan en la playa. Lo que un tiempo era una extensión blanca totalmente desierta, hoy es el hogar de restaurantes, resorts, barcos que llevan a los turistas a bucear. Sin duda ha perdido parte de su encanto salvaje, pero a pesar de todo sigue siendo una de las playas más bellas jamás vistas. Arena blanca fina, agua tibia de un azul intenso y palmeras de coco que ofrecen refresco y refugio del sol. Por supuesto, hay bastantes personas en los fines de semana, pero los otros días casi parecen volver al paraíso que dejamos atrás hace años. Aunque todavía queda un largo camino que recorrer, habíamos decidido que una vez llegados a Tulum nos hubiéramos tomado un descanso de nuestro vagabundear. Por lo tanto, pasamos 5 días en total relax.



Antes de partir, Christian y yo vamos a visitar el sitio arqueológico maya, que está a solo 8 minutos a pie de nuestras cabañas. La entrada es muy barata, pero para entrar hay una larga fila principalmente de estadounidenses e italianos. En sí mismas las ruinas no son nada de excepcional en comparación con las de Palenque, Chichén Itzá, u otros sitios visitados en Centroamérica. La vegetación, sin embargo, y sobre todo el mar caribeño hacen de fondo al complejo rendiendo único y extremadamente fascinante el paisaje.

Viajamos toda la noche para cubrir la distancia que nos separa de San Cristóbal de las Casas. Desafortunadamente, mientras todos duermen les roban a dos parejas a bordo. Eventos como estos son muy comunes durante los viajes nocturnos. Por esta razón es necesario prestar la máxima atención y quedarse siempre con los proprios valores encima. Los pobres desafortunados habían dejado dinero y documentos en el bolso situado en el compartimento superior o en el equipaje en el suelo entre las piernas, pero cerca del pasillo.

San Cristóbal al contrario de Tulum parece no haber cambiado en absoluto. El ambiente alegre y despreocupado que lo caracteriza se ha mantenido intacto. Todos sonríen, todos parecen abiertos y listos para el diálogo. Es, sin duda, la ciudad colonial más atractiva de todo el país. Casas de colores brillantes en calles peatonales empedradas dan vida a un verdadero espectáculo para los ojos.
A todo esto se suman mercados de artesanías indígenas, artistas callejeros y exquisitos cafés franceses que han abierto en todas partes. Por estas razones y por muchas otras San Cristóbal es tan querido por los mochileros y por los espíritus bohemios. Es difícil de explicar, pero esta ciudad tiene la capacidad de seducir y conquistar completamente a primera vista. El riesgo es el de quedarse atascado aquí, posponiendo la salida de día a día.

Alrededor de San Cristóbal se encuentran pequeñas aldeas indígenas. Así que dedicamos un día a la visita de San Juan Chamula, sin duda el más interesante de todos. La pintoresca iglesia de la ciudad se vuelve a pintar cada tres meses, siempre con colores vivos. Por lo tanto, nos queda claro que se ve diferente de lo que solía ser. Lo que no ha cambiado, sin embargo, es el escenario que reserva a su interior. Arrodillados en el suelo sobre paja, los fieles oran en voz alta, pero de una manera totalmente autónoma e individual. Las palabras que se propagan en el aire junto con el denso humo de incienso parecen provenir de un pasado antiguo, y de hecho el idioma hablado es la lengua maya. Cientos y cientos de velas iluminan la oscuridad añadiendo aún más encanto a este lugar lleno de sacralidad y misticismo.

Viajamos toda la noche a Salina Cruz, nuestro objetivo es «Playa la Ventosa«. Hablando con los lugareños, sin embargo, descubrimos que no está tan cerca y sobre todo que no hay alojamiento. Esto nos obligaría a ir de un lado a otro y sobre todo a dormir en Salina Cruz, localidad que nos desaconsejaron por razones de seguridad. Tras considerarlo, por lo tanto, seguimos nuestro viaje. Una hora después ya estamos a bordo de un autobús con destino a Oaxaca. La ciudad es realmente enorme, parece haber crecido mucho, pero sobre todo parece haber mejorado en todos los aspectos. El centro histórico en particular parece bien cuidado, colorido, tranquilo, en resumen, a escala humana. Oaxaca es también una ciudad universitaria, perpetuamente en fiesta y famosa por su fervor cultural.

Nuestra próxima parada se caracteriza por un halo de misterio. Durante meses, hemos estado buscando informaciones precisas sobre Hierve el Agua sin poder lograr mucho. Incluso los viajeros empedernidos parecen nunca haber oído hablar de ella. A pesar de la duda de que no existe, no queremos rendirnos, y nuestros esfuerzos serán ampliamente recompensados. Un autobús público nos lleva a Mitla desde donde, preguntando, encontramos una camioneta que nos llevará a Hierve el Agua. El camino es polvoriento, áspero y lleno de curvas. Sin duda no se trata de un viaje agradable, pero tampoco tan difícil para justificar el reducido número de visitantes que llegan hasta aquí. El espectáculo ante nuestros ojos es impresionante. Una serie de cascadas petrificadas y piscinas naturales talladas en la roca por el agua termal que brota del subsuelo. Todo situado en la parte superior de un precipicio escalofriante con todo el valle como entorno. Es temprano en la mañana, y estamos completamente solos. No hace falta explicar el placer de sumergirse en las piscinas naturales en total soledad con tal paisaje.
Alrededor de la hora del almuerzo, aparecen varias personas, lo que nos impulsa a vestirnos y explorar un poco los alrededores. Tomamos un camino que conduce a varios puntos panorámicos y luego desciende a lo largo de las cascadas petrificadas. Observamos conductos de agua primitivos excavados en la roca, tal vez por los mayas. De hecho, la sensación es precisamente la de estar en una zona arqueológica. Como ya había pasado en Honduras, encuentro una antigua punta de flecha clavada en el suelo. Esta vez no en obsidiana, sino hecha con un mineral blanco con algún matiz rosado. Sería bueno continuar por el camino que cruza el valle desapareciendo en el horizonte, pero desafortunadamente se hizo tarde y tenemos que volver.



Otro viaje nocturno a Pochutla, desde donde en colectivo llegamos rápidamente a Mazunte, un lugar que muchos nos han aconsejado. Un pequeño pueblo costero con una hermosa playa hecha aún más fascinante por enormes rocas que destacan en medio del océano. Las olas son altas y decididamente violentas, pero su romperse en la costa será el único sonido audible en este lugar tan plácido y sereno.
Nos dejamos persuadir a hacer una excursión en barco para ver delfines y nadar con ellos. Nos garantizan al 100% que sí hay. Después de 3 horas de navegación de delfines ni siquiera la sombra. Sólo detectamos algunas aves y dos tortugas involucradas en actos no aptos para menores. También terminamos discutiendo con el guía que, con el fin de entretener a los turistas estadounidenses, se tira al agua, agarra a una de las tortugas y la lleva prácticamente a bordo para hacerla tocar y fotografiar por esos cuatro ignorantes. Un día para olvidar.

Destacable mi encuentro casual con Mary Carmen Barrón, una señora que se ocupa de las ceremonias tradicionales temazcal, meditación y masajes. En resumen, una especie de curandera. Además de ponerme inmediatamente en sintonía con ella, me doy cuenta de que tiene considerables nociones científicas sobre el cuerpo humano, los nervios, la acupuntura, la acupresión, etc. Teniendo en cuenta que durante años he tenido un problema en el cuello que nadie pudo resolver y sobre todo que por 2 horas de masaje pide el equivalente a 22 euros, sin más dudas trato de confiar en sus manos expertas. Aunque no soy inclino a los aspectos místicos, tanto más cuando se asocian con técnicas curativas, decido darle confianza y, aunque soy consciente de mis reservas, me obligo a escucharla con una mente abierta sin juzgar sus palabras. Al principio me pone de pie frente al humo sagrado, una especie de incienso. Entonces pasa unas plumas sobre mi cuerpo rezando en voz alta. Me mira y dice que tengo algunos problemas estomacales y que estoy maltratando mis riñones. De hecho, tuve alguna dolencia durante unos días, y, en lo que respecta a los riñones, desafortunadamente suelo beber muy poco. No son revelaciones impactantes de todos modos. Lo que es impactante, sin embargo, es su habilidad en el mensaje. Entretanto, inmediatamente se da cuenta de que tengo algo extraño alrededor de mi cuello y usando ampollas de vidrio junto con algunos palos ardientes, crea bolsas de aire colocándolas sobre mi cuerpo. Luego presiona en ciertos puntos, especialmente de manos y pies que, según ella, están conectados con órganos internos. Después de las 2 horas de masaje quiere leerme mis nahuel. Honestamente ni siquiera sé de que habla, pero la dejo hacer. Observa mis espíritus guía y de alguna manera trata de entender qué tipo de persona soy. Me dice que con las palabras soy capaz de hacer creer al moribundo que está sano y viceversa a los sanos que están a punto de morir. Después quedándose en el tema dice que no puedo morir en un accidente porque mi espíritu guía es la Muerte. Dice que tengo un poder mayor que el suyo, pero que no puedo usarlo. Dice que puedo predecir la muerte de otros a través del sueño y por eso nunca sueño, como si hubiera construido una barrera mental, un muro defensivo. De hecho, puede que haya tenido suerte, pero es verdad, nunca sueño o, si sueño, no recuerdo absolutamente nada. Finalmente, me dice casi conmovida, que mi corazón está lleno de melancolía y tristeza y que debo deshacerme de ellas dándolas al mar.
Más allá de todas estas cosas inconcebibles, aunque de innegable encanto, la experiencia resultó ser realmente genial. Tanto que después de tiempo inmemorial no siento ningún dolor al cuello y puedo moverlo perfectamente. Christian y Myriam también deciden visitar a Mary al día siguiente y regresaran emocionados y conmocionados. Les revela informaciones muy personales que no podría haber sabido de ninguna manera. ¿Coincidencias? Por escéptico que sea al respecto, no veo cómo podría haber conseguido detalles familiares tan precisos y particulares simplemente adivinando.
Mary compró recientemente una propriedad cerca de Puerto Escondido, donde quiere mudarse. Se dirige justo allí y, como Puerto Escondido es nuestro próximo destino nos ofrece un pasaje. Por supuesto, aquí también ella ve una señal del destino, un destino que deliberadamente nos hizo encontrar.

Puerto Escondido, durante mi primer viaje de mochilero hace unos años (América Latina 2005-2006 junto con Christian y Simone), fue un lugar mágico que dejó una huella indeleble dentro de nosotros. Sin demora nos dirigimos a Playa Marinero con la intención de volver a alojar en nuestras viejas cabañas en la playa. Pero la decepción es grande. Las cabañas de paja tan básicas, cuanto encantadoras, con sólo arena en el suelo dieron paso a cabañas de triste cemento en mal estado. Como si esto no fuera suficiente, Playa Marinero ha sido desfigurada por palacios obscenos, verdaderos vertidos de cemento que arruinan por completo la belleza del paisaje.
Abatidos nos trasladamos a Playa Zicatela, la célebre playa por surfistas que, contrariamente a lo que nos esperábamos, ha mejorado mucho. Encontramos fácilmente una hermosa cabaña de madera frente a la playa, equipada con cocina, baño privado, e incluso piscina, todo a un precio realmente ridículo. ¡Tenemos todos los ingredientes para iniciar las locas celebraciones de cumpleaños de Christian! No podíamos encontrar lugar mejor que esto. Fiesta en la piscina a todas horas y Corona a ríos.
El último día conocemos a Lin, un transexual venezolano, que huyó de su país donde la situación se ha vuelto insostenible y particularmente dramática.
Después de 5 noches de fiesta y relax, es hora de dejar también Puerto Escondido.

Por enésima vez tratamos de ganar tiempo cubriendo largas distancias con autobuses nocturnos. Cuando el conductor anuncia su llegada a Acapulco el sol aún no ha salido. Esperamos una hora antes de movernos, conscientes de que a pesar de las apariencias que pueden engañar, estamos en una de las ciudades más peligrosas de todo México. Más allá del aspecto de seguridad, Acapulco nunca nos emocionó. Demasiado caos, demasiado smog, demasiado turismo de masas y, sobre todo, un calor infernal. Hace años, sin embargo, habíamos descubierto por casualidad una pequeña ciudad muy agradable a sólo 5 km de aquí. Nos dirigimos así a Pie de la Cuesta. Observamos, que aquí también el desarrollo urbano ha continuado sin ninguna restricción. Sin embargo, sigue siendo un destino agradable donde holgazanear en una hamaca, a la sombra de una sombrilla de paja, tomando un buen cóctel. El aspecto más interesante entonces es que Pie de la Cuesta parece estar reservado exclusivamente para vacaciones de mexicanos, turistas extranjeros no hay ninguno, de hecho, somos los únicos.
Una noche nos despierta una tormenta muy violenta. El cielo está iluminado por cientos de relámpagos que cruzan la oscuridad en todas direcciones. Nunca he visto relámpagos romper horizontalmente en la bóveda celestial. Qué espectáculo admirar el poder de la naturaleza. Toda la casa donde nos alojamos está despierta y, dado que nuestro alojamiento está en la primera planta del ático, la dueña nos invita a bajar a una de las habitaciones de cemento más nuevas en planta baja. Después de haber escapado del peligro de la noche sin grandes consecuencias, Myriam y yo vamos a Acapulco a comprar los boletos para Ciudad de México, aprovechando también para dar un paseo.



Esperándonos en la capital está Tadashi, que fue compañero de trabajo del hermano de Myriam. Tuvimos el placer de conocerlo en Italia y, sabiendo de nuestro viaje, nos invitó generosamente a su casa. Nacido de madre mexicana y padre japonés, también Tadashi fue mochilero como nosotros. Durante su vagar, sin embargo, conoció a Angélica aquí en México y decidió parar. Hoy están casados y tienen una hermosa niña llamada Hiromi, que en japonés significa «la más hermosa».
Para nosotros es una gran fortuna poder vivir Ciudad de México y sus alrededores desde dentro, a través de los ojos de quienes viven allí. Tadashi y Angélica además son dos personas preciosas, y tratarán de mostrarnos lo más posible y sobre todo nos harán probar todas las exquisitas delicias típicas de la cocina local.

Durante el fin de semana Tadashi y Angélica, aprovechando de estar libres de compromisos laborales, nos hacen de cicerones permitiéndonos visitar lugares poco conocidos y lejos de la capital. Primera parada es la ciudad de Pachuca, seguido de Real del Monte, ¡un interesante complejo de montaña famoso principalmente por sus pastes! Se trata de una especie de empanadas horneadas rellenas de diversos ingredientes tan buenos que fue creado un festival dedicado a esta especialidad.
Tercera parada son los Primas Basálticos, un impresionante complejo natural de cascadas que se estrellan contra columnas de rocas con una extraña forma de prisma. Esta conformación se debe al enfriamiento repentino de la lava. Un verdadero espectáculo.
Cuarta parada el famoso sitio arqueológico de Teotihuacán. Después de haber visitado ya casi todas las ruinas mayas y aztecas más conocidas, el temor es de encontrarnos frente a algo ya visto y revisado. Pero no, en absoluto. El tamaño de Teotihuacán es realmente impresionante, de hecho, estamos frente a la pirámide más grande de toda América Latina. Esculturas, incisiones, templos, todo está en un extraordinario estado de conservación.

En el segundo día nos quedamos más en la zona, primero inmergiendonos en la multitud del mercado de Xochimilco y luego uniéndonos a las tradiciones locales a bordo de las folclóricas trajineras. De hecho, estos coloridos barcos son utilizados especialmente los domingos por familias y amigos como lugar para increíbles y exagerados picnics.
Por la noche cena en familia en la casa de los amables padres de Angélica.

Tadashi, Angélica, Hiromi y sus familias han sido tan amables con nosotros que no sabemos cómo darles las gracias. Sin embargo, no queremos pesar más de lo que es necesario. Decidimos así de dejarlos un poco tranquilos y pasar los últimos 3 días en el centro de la capital.



A pesar de ser una verdadera metrópolis, Ciudad de México realmente tiene mucho que ofrecer. En primer lugar, una impresionante cantidad de imperdibles museos. Cómo perder la oportunidad de admirar de cerca las extraordinarias pinturas de Frida Kahlo en el Museo Dolores Olmedo o en la Casa museo de Frida Kahlo. Cómo olvidarse del enorme Museo Antropológico o del Museo Soumaya, que merece una visita sólo por la arquitectura de su palacio futurista. A completar el cuadro de esta vibrante capital son algunos de sus barrios más encantadores y a medida de hombre, como el de Coyoacán.

Para nuestra última cena decidimos reunirnos con Tadashi y Angélica para un último saludo.



Conclusión

Parece imposible, pero hemos llegado al final de este largo viaje durado 6 meses. Hemos vivido intensamente cada instante dándonos cuenta de cómo un simple día envuelva la posibilidad de revolucionar todo por completo. Voy a explicarme mejor. Cuando estoy en casa, me levanto por la mañana, me preparo y me voy a la oficina. Cuando termino de trabajar tiempo libre queda muy poco, así que, entre el cansancio y algunas comisiones, la mayoría de las veces los días terminan así, con la sensación de no haber hecho nada. Durante este viaje todos los días nos dedicamos a cientos de cosas diferentes, conocimos a gente nueva, tratamos de hacer tantas experiencias como fuera posible aprendiendo todo lo que podía enriquecernos y estimularnos. Las actividades de las 24 horas habituales fueron tantas que alteraron nuestra percepción temporal, dándonos la ilusión de que los días correspondían a semanas, las semanas a meses. Los 6 meses transcurridos han sido sí muchos, pero para nosotros han durado mucho más de 6 meses. Fue como vagar durante años en plena y total libertad, con el alma desprovista de cualquier peso y el corazón abierto al mundo.

Lo que más nos llamó la atención fue lo que oímos repetir incontables veces por personas totalmente diferentes y en diferentes países. Todos los que cruzamos en nuestro viaje siempre repitieron lo mismo, decían que en nosotros veían algo especial. Afirmaban que estaba muy claro que con nosotros traíamos una positividad contagiosa y que gracias a ella nunca nos hubiera podido pasar nada malo. Personalmente no creo que fuéramos especiales o que traieramos con nosotros el buen humor, pero también es cierto que, si tanta gente percibió este factor, una razón habrá habido. En mi opinión, todo se puede remontar a un concepto muy simple y tal vez incluso trivial. En mi opinión simplemente éramos felices, y se sabe que la felicidad es contagiosa.  Enfrentar cada evento con una sonrisa, desdramatizando en lugar de enojarse o preocuparse, siempre tratando de nunca tomarse demasiado en serio. Este tipo de actitud ya representa un buen punto de partida para ser felices.

Nos habíamos propuesto dejarnos llevar por completo tratando de mirar sólo los aspectos positivos de la vida, del mundo y de las personas. No siempre fue fácil, pero nos habíamos fijados mantener alejados todo tipo de miedos y confiar en los demás. Algunos dirán que tuvimos suerte, pero no lo creo. Hay tantas cosas terribles en el mundo, es innegable. Así como hay tanta gente terrible. El punto, sin embargo, es que tendemos a hablar y recordar sólo estos, dejando de un lado el pequeño detalle de que la gran mayoría de la población de cualquier país está compuesta en cambio por personas extraordinarias, generosas y dispuestas a ayudar a tres perfectos desconocidos como nosotros sin esperar absolutamente nada a cambio.

Cuando oigo hablar con desprecio, arrogancia o superficialidad de razas, religiones, convicciones políticas, orientaciones sexuales, me doy cuenta de que el único gran obstáculo real es siempre y sólo el miedo. El miedo hacia lo que es diferente de nosotros, el miedo hacia lo que no conocemos. Mi consejo es siempre el mismo. Viajen. Viajen tanto como sea posible y quédense unos momentos a conocer quién cruza vuestro camino, no sólo los lugares, sino los que viven allí. Descubrirán que en realidad todos somos iguales, todos queremos las mismas cosas y lo que nos diferencia el uno del otro es lo más interesante que tenemos para ofrecer a los demás y lo más extraordinario que tenemos para trasmitir a los que vendrán después de nosotros. El odio nunca es la respuesta. ¿Todo lo que hacemos en la vida no es una manera de hacernos amar un poco más?


   


Si este diario de viaje te gustó o fue útil para ti, házmelo saber con un «me gusta» en la página Facebook de Va’ dove ti porta il blog o sígueme en Instagram a través del perfil va_dove_ti_porta_il_blog.

 

 

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2021 Maurizio Daniele

One thought on “América Latina 2014 (junto con Myriam y Christian)

Lascia un commento